ver más

Lo afirmó Alejandro Amitrano, en lo que fue el testimonio más esperado en la Quinta Cámara del Crimen. Está acusado de haber matado a su hijita Rosario Belén, de 11 meses, en 1999. En el juicio culpó a los médicos.

Amitrano: “Mi objetivo era que la causa prescribiera: casi lo logro”

Por Catherina Gibilarocgibilaro@diariouno.net.ar

“No soy un monstruo ... Todos saben quién soy y por eso muchos vienen a visitarme a la cárcel”, es una de las tantas frases pronunciadas ayer por Alejandro Amitrano, acusado de haber matado a golpes a su hijita Rosario Belén en 1999. También aseveró, por momentos con un tono altisonante, que “nosotros nunca le pegamos a nuestra hija”. Aunque lo que más llamó la atención fue la afimación: “Mi objetivo era que la causa prescribiera: casi lo logro”.

Fue durante el juicio que se le realiza por homicidio calificado por el vínculo en la Quinta Cámara del Crimen, donde había una gran expectativa por lo que iba a contar sobre el grave suceso que tanto tiempo después conmociona a toda la sociedad por la indefensión de la pequeña. Amitrano, como por otra parte era de esperar, adoptó permanentemente una actitud ganancial frente a un grave delito que de ser condenado le significaría la pena de prisión perpetua. Prosiguiendo con su relato dijo que no era un vago y que cuidaba de la pequeña mientras su esposa trabajaba. Recordó que el día del cumpleaños de su madre salió con Rosarito y allí ella vomitó.

“Fui a ver a Cecilia, la esperé para contarle lo sucedido. Fuimos a casa, la bañamos y la llevamos al Policlínico de Cuyo”.

Otra actitud estratégica fue la de echarle la culpa al doctor Makern aduciendo que “el nunca nos habló de la gravedad de Rosarito. Esto quedó desvirtuado porque hay un certificado médico del facultativo –ya fallecido– que ordenaba su internación urgente en el hospital Notti. “Sin embargo –dijo Amitrano–, como la vimos bien fuimos a casa y le dimos gotas de Reliverán. La acostamos y cuando se despertó se la veía bien. Fui a buscar a Cecilia al trabajo. Ella pidió ir hasta la Virgen de El Challao y cuando volvimos allí sí vi recaída a la nena. Fuimos al Hospital Italiano y allí nunca nos hablaron de lesiones óseas o de un raspón. De esto me enteré en el juicio (Rosarito tenía 5 costillas fracturadas de vieja data). Nadie me habló del mastoide. Decían que era meningitis. En el Notti en cambio nos preguntaron si tuvo un golpe o si se había caído. “Nosotros sentimos una desesperación impresionante”. Allí empezaron a tratarnos mal. A mí me dejaron entrar una sola vez a terapia”. Luego se quebró y lloró porque dijo que una mujer le dio un papelito para enseñarle como superar la muerte de un hijo, “pero mi hija vivía”, dijo acongojado. “Los médicos me culparon de que yo era el responsable de esa situación”. También reconoció que Rosarito “nunca sufrió un impacto fuerte para estar así. No se cayó de la cama, no se cayó de la cuna y no caminaba sino con el andador”, agregó el acusado.

“Concatenación de malas decisiones”Amitrano admitió que estas fueron las que desencadenaron en ésto (al referirse a la muerte de Rosarito).

Cuando la llevaron a las 15 al Policlínico de Cuyo “no era para estar internada”. Esto se contradice con la indicación del médico Makern, que había ordenado su internación inmediata en el Notti. “Cuando decidimos no ir no derivó en un conflicto de pareja. Hay cosas que no recuerdo porque estuve tratando de olvidar ese momento. Insistió en que en el Italiano y en el Notti “nunca” hablaron de que Rosarito estaba quebrada, y la remató diciendo que ”en Bagley le ofrecieron un avión sanitario, pero ella ya estaba intubada. Fue el peor error de mi vida, dejarla en el Notti”. Cuando el fiscal Guzzo le preguntó si hicieron una presentación por mala praxis a los dos hospitales dijo que no. “A mi me llamó la atención que Cecilia sí lo hizo”.

Presencias llamativas en el hospital Notti Amitrano llamó a su padre a San Luis para contarle sobre la nena y este vino con su mujer. Al otro día lo hicieron dos abogados de Bagley –donde el padre era gerente– y luego otro médico amigo de la familia. Los abogados “me dijeron que podía ser arrestado y que era una situación complicada. Fui a hablar con Cecilia y ella me dijo que volviera después. Allí me fui a San Luis... Nunca quise ocultar nada. Mi hija murió el 30. Quise hablar con Cecilia un millón de veces, pero su madre dijo ‘no queremos hablar con vos’.Allí cambió el rumbo de mi vida. Por internet supe que Cecilia había sido detenida y yo lo único que quería es que ella saliera de la cárcel”. Sobre su situación familiar dijo que “con el tiempo conocí a mi actual mujer. No dejé de pensar en mi hija Rosarito. Ahora tengo otra que no puedo disfrutar, estoy preso como si fuera un delincuente”.

Luego, al momento del interrogatorio del fiscal Fernando Guzzo, los nervios lo traicionaron. Con una actitud altanera le negó que consumiera estupefacientes, pero lo que más retumbó en la sala fue cuando dijo que esperaba la causa prescribiera, “ése era mi objetivo, yo quería declarar después, cuando mi vida no corriera peligro. Si hubiera querido borrarme me podría haber ido a cualquier parte del mundo, tuve 14 años de ventaja”.

Lo que sorprendió al público fue cuando manifestó que “si yo hubiera sido impulsivo, hubiera venido a Mendoza y hubiera hecho un desastre”, aunque no aclaró en que hubiera consistido.

Tiene conciencia de la cruda realidad que le espera si lo condenanAtrás, sentada en el último asiento, estaba la pareja de Amitrano, Roxana Godoy, con quien tiene una hija pequeña. La joven estaba acompañada por la hermana del acusado. Ella tal vez es la única que tiene plena conciencia de la gravedad del hecho, porque no paraba de llorar. Esto, pese a que él por momentos le sacaba la lengua para, quizás, hacerla sonreír. No lo logró. Vivían en pareja desde 2006.

MÁS LEÍDAS