Es más que sabido que cuando Independiente Rivadavia juega de local las cosas les cuestan el doble. El viernes por la noche ante San Martín no fue la excepción y se vio la misma película de siempre: ésa que te pone los pelos de punta hasta el último minuto porque no sabes cuál será el desenlace final.
De los últimos 20 partidos de local -contando los de la temporada pasada-, la Lepra solo perdió ante Brown de Adrogué (0-4) y los triunfos sobre Argentinos Juniors y Chacartita fueron los más resonantes, en los que no pasó zozobras ni sobresaltos.
Si bien La Catedral ha sido una verdadera fortaleza, los rivales le hacen "parir" los partidos a Independiente y hasta en más de una ocasión se llevaron un punto sin merecerlo.
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El viernes ante el Santo tucumano la sensación que dejó el equipo es que por más que intentara toda la noche el gol no iba a caer y, peor aún, siempre está ese temor latente de que en la única de la visita el premio mayor se vaya del Parque, pero ahí apareció la humanidad del Pity Arcena para mantener el cero con una doble atajada.
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Suerte, esa maldita suerte que esporádicamente aparece fue lo que le faltó al balón llovido del Gordo Daher que dio en el poste del arquero Ignacio Arce, ese golero que se tuvo que comer sus propias señas el pasado campeonato cuando le hizo a la platea leprosa el gesto de "se van". Luego descendió con Crucero del Norte.
Aún hay margen pero no tanto porque los puntos son necesarios para no comenzar esa maldita pelea con el descenso. De local la Lepra deberá seguir con la misma tesitura pero sabiendo que se tendrá que dar un plus para dejar los tres puntos, sí o sí, en casa.
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