Si algo le faltaba al país, en medio de un año de elecciones, de "incendios" económicos, del "fantasma de los Mercados" dando vueltas y el dólar que se dispara después de las PASO de agosto, si algo nos faltaba en medios de campañas y miserias políticas a flor de piel, eran dos superclásicos más.
Y los tendremos en octubre, por las semifinales de la Copa Libertadores de América, reeditando la final del año pasado entre Boca y River, finales en las que pasó de todo.
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Y encima, será el tercer partido en dos meses. Y los de la Libertadores serán en octubre... ¡sí, en octubre! Justo cuando se definan las elecciones presidenciales y qué pasará en los próximos 4 años, a menos que haya balotaje.
En el medio habrá debates entre los candidatos a presidente; no sabremos qué rumbo tomará la economía por este temilla que los especialistas han coincidido en enmarcar en "Los Mercados"; no sabemos tampoco a cuánto terminará el dólar el año (o el mes) y vemos como las agresiones crecen día a día, en las redes, en la calle, en cualquier lugar.
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Sin dudas estamos a una "chispa" de distancia de una hecatombe. Entonces, después de que este fin de semana sea la prueba de fuego con el partido entre ambos por la mal llamada Superliga, en la AFA tendrían que ir pensando bien dónde van a jugar los partidos entre Boca y River.
Esta vez, define Boca como local, a diferencia de la final disputada el año pasado.
Pero visto y considerando el papelón del año pasado, todo lo que envolvió a la final, la violencia que se generó después del partido frustrado en River, durante el mes que no se disputaba la final y luego del partido ganado en Madrid por el Millonario, no sería mala idea pensar que ambos partidos no se jueguen en la Argentina.
Por el momento que atravesamos más que nada. Por la violencia que crece día a día. Por la grieta enfermiza que nos acecha en todo momento, en cada aspecto de la vida, que ya no es política. Hay grieta en todo. En lo que se te ocurra. Y no es el tema la grieta, que vendría a ser estar en veredas opuestas. Es el nivel de violencia que esto genera, a veces demencial, la intolerancia que reina en el ambiente que nos lleva a ni comentar sobre fútbol y política a nivel familiar, cosa de no encender esa chispa que nos termine de separar para siempre.
Y tendrían que pensar dónde jugarlo, tanto la AFA como la CONMEBOL y las autoridades de seguridad de Buenos Aires, porque el año pasado demostramos que no podemos organizar un partido entre dos de los clubes más grandes del mundo.
Entonces, ¿por qué no River local en Madrid y Boca local en Barcelona? O si no en Dubai, Rusia, Japón, Australia o más lejos aún, cuestión de no poner en vilo la seguridad de los españoles, aunque tras la final en Madrid no hubo incidentes que lamentar. Claro, los argentinos que viajaron se portaron bien, de uno y otro lado. Afuera somos todos caballeros ingleses; en casa rompemos todo.
Las burlas y los memes serán lo mínimo tras estos partidos; las autoridades deben esperar lo peor que, esperemos, no pase. Pero no pueden estar tan "verdes" y "desprevenidas" como el año pasado justamente cuando son las encargadas de que nada pase; no puede pasar lo mismo del año pasado en que pensaron "no pasa nada". Y pasó.
Ojalá nade pase. Ojalá se pudieran jugar estos dos partidos con normalidad y como si fuéramos un país civilizado, educado, cortés. La prueba de que no estamos a la altura y que no se puede se vio el año pasado. Entonces, por más feo que suene y por más que nos duela, quizás sea mejor que el superclásico más grande del mundo a nivel clubes no se juegue en el país.
