Víctor Legrotaglie fue mucho más que un nombre y un apellido. Creo que desde el momento que decidió jugar en Gimnasia y Esgrima se propuso trascender. Y vaya si lo hizo. Como jugador fue extraordinario, dicen los que lo vieron jugar. De galera y bastón decían algunos. Los Compadres que llegaban de los villares de la calle San Martín y entraban a la cancha casi atándose los botines para jugar un partido que tenía como final siempre la victoria, contaban otros.
El Víctor dejó de ser ídolo y se transformó en leyenda
Víctor Legrotaglie fue mucho mas que un nombre y un apellido. Desde el momento que decidió jugar en Gimnasia y Esgrima se propuso trascender. Y vaya si lo hizo.
¿Pero como es que un tipo al que muchos no vimos fue tan admirado? Quizás porque algunos tuvimos la suerte de que nuestro viejo nos contara, por su infinita admiración o porque el boca a boca de sus hazañas en el campo nos terminaba atrapando. Eso es trascender. Lograr que generaciones lo admiren sin siquiera haberlo visto tocar el balón.
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Su talento fue tan grande que pasó a ser “El Víctor”. Suficiente para saber de quién se trata. Cuando se es tan grande ya no hace falta ni siquiera el apellido. Esto es solo para unos pocos.
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Pero sería injusto si me quedo solo con el jugador. Porque “El Víctor" fue mucho más. Siempre con una sonrisa contagiosa, con el tiempo suficiente para atender a cada uno que lo requería. Y no importa si esa persona era conocida, tenía 20 años o 80. El tenía el mismo respeto con todos. Caminador de las calles del centro mendocino saludando a todos, porque él era de todos. Bohemio y frecuente acompañante de las mesas de café.
Lo conocí en el comienzo de mi carrera como periodista y me cautivaba con sus anécdotas y sus historias futbolísticas y de las otras. Las charlas con Cacho Cortez, Jorge Julio, Hardan Curi, Pedro Castellino, en las medias mañanas de Vía Veneto nos tuvo a varios asistentes como testigos privilegiados. Fue un lujo. Mesas en las que no había distinción de colores ni escudos, Porque “El Víctor” era de todos.
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Claro, de los del Lobo un poco más. Ídolo mensana. Devoción casi religiosa. El Maestro se nos fue. ¿Se nos fue? ¿Eligió a propósito el día de Pascuas? Y "El Víctor" era así, siempre tenía una sorpresa preparada. Porque en este, el tercer día, Víctor Antonio Legrotaglie dejó de ser ídolo y se transformó en LEYENDA.
Siempre lo llevaremos en el corazón. Siempre con los colores blanquinegros.





