El fútbol de Mendoza está de luto, ese que ha crecido e insertado en el profesionalismo y en el ámbito internacional. Pero hay una época fundacional y romántica, de cuando se comenzó a competir a nivel país, con el viejo Torneo Nacional. Allí surgió una figura, de entre tantas, que le dio nombre y apellido al estilo mendocino: Víctor Legrotaglie.
Se fue Víctor Legrotaglie, el que le dio identidad al fútbol mendocino
Falleció Víctor Legrotaglie, uno de los personajes entrañables y referente del deporte. Eligió Mendoza, en vez de la fama y la prosperidad en el exterior
Uno de los personajes entrañables de nuestra tierra, este sábado por la tarde pasó definitivamente a la categoría de leyenda.
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Sobre baldíos, estadios y el Cielo
Aquellos cracks que representaron a Mendoza en el certamen nacional, y que los ponía a jugar mano a mano con aquellos que gozaban de la "gran vidriera" que era Buenos Aires, nos dieron orgullo. Muchos van pasando a otra dimensión, y allí lo estaban esperando al Víctor sus compadres del Lobo de los '70, o los amigos rivales, como la última adquisición de esa liga de inolvidables, el Gringo Filizzola, que se nos fue la semana pasada, o mucho más atrás Hugo Cirilo Mémoli.
Nunca pasó por las inferiores de ningún club, saltó del potrero al pasto de la Primera, trayendo la magia aprendida en las polvorientas canchitas lasherinas, como la de Chiclana, frente a la plaza de Las Heras, o la de su querido equipo, 5 de Octubre, los primeros colores que defendió, junto a sus amigos Manuel Castro, con quien fue a Gimnasia; o el Rafa Carrizo, que eligió el Huracán Las Heras de su suegro.
Fue el que le puso identidad al fútbol mendocino
Qué grande fue mi orgullo de periodista mendocino, al escuchar en una cancha tucumana a un fanático local, que al mencionar a Gimnasia y Esgrima, sacó de su memoria un recuerdo que puede sintetizar lo que fue el Víctor, el Lobo en los viejos Nacionales. Cuándo se habla de fútbol mendocino, los periodistas y conocedores no pueden evitar que se venga instantáneamente la figura de El Maestro Víctor Legrotaglie.
"Estaban haciendo la entrada en calor los mendocinos (Gimnasia) y nosotros les tirábamos naranjas, para asustarlos de entrada. Se las tiramos al peticito de camiseta 8, y él agarró una en el aire, y empezó a hacer payanitas. Cuándo llevaba como 20, le dio de volea y la devolvió a la tribuna de donde se la habían tirado", contó sobre aquella conocida anécdota. Luego agregó: "ahí todos le empezaron a tirar más naranjas, no para impactarlo, sino para que hiciera jueguitos. Al final terminó siendo aplaudido de los cuatro costados del estadio, nos salió el tiro por la culata".
Es que el Víctor fue así, un fuera de serie, que podría haber llegado a las más altas esferas del fútbol mundial, pero no quería sacarle lo lúdico al fútbol, quería divertirse, sacarle el dramatismo a un deporte tan popular como competitivo y exigente.
Una sola sombra podía nublar fugazmente la alegría de sus ojos picaros: el recuerdo de su fallecido hijito Cocó, que según él, siempre lo acompañaba desde el Cielo.
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La trilogía pagana con Nicolino y el Negro Contreras
Legrotaglie formó una famosa trilogía de ídolos deportivos locales for export, reconocidos en el mundo. Esta Trinidad Pagana la integraban el Víctor, Nicolino Locche y Ernesto Contreras, vueltos a reunir desde este sábado en el Cielo. Nicolino, campeón mundial de boxeo, integrante del Salón Mundial de la Fama del Boxeo, compartía el estilo bohemio y desestructurado, a veces hasta casi en contra del pragmatismo de sus deportes.
Locche y Legrotaglie demostraron que al rival no era necesario golpearlo y lastimarlo; ni la pelota hacía falta patearla. Bastaba la finta, el amague, y apenas una caricia al elemento fundamental del deporte. Hicieron poesía donde primaba la fuerza bruta, las sangre y el sudor.
El maestro periodista José Félix Suárez logró reunirlos como corresponsal de la mítica revista El Gráfico en una gloriosa nota, con tapa que debería estar enmarcada y exhibida en un museo menduco.
La despedida como jugador su carrera como técnico
Ningún hincha de gimnasia que peine canas -o sufra la falta de ellas- habrá olvidado el retiro y el partido despedida del Maestro, con vuelta olímpica en un descapotable de lata gama incluida, acorde con la altura de un jugador que fue pretendido por el Real Madrid, entre otros. "¿Que voy a hacer allá lejos?" repetía siempre sobre ese tema de grandes pases y millonarias transacciones que desvelan a los deportistas actuales. "A mi gusta estar con mi gente, compartir asados, guitarreadas y esas cosas lindas de nuestra tierra", completaba.
Ya como ex jugador, en su etapa como entrenador, Legrotaglie siguió fiel a su filosofía. Siempre era llamado por su amado Gimnasia para "apagar incendios", cuando entrenadores foráneos no daban pie con bola. Enderezados los destinos del equipo blanquinegro, se le preguntaba sobre cuál era el secreto para el logro, y le quitaba todo misterio y vanidad diciendo con su voz finita: "Nada, yo les digo que son futbolistas y saben lo que tiene que hacer. Háganlo y diviértanse". Toda una declaración de principios y filosofía.





