Análisis y opinión

Una de las peores semanas políticas de Suarez al dejar que se instalara la duda

Un subsidio no blanqueado debidamente y que favorecía a un socio político del Gobierno, el pastor Bonarrico, ha golpeado fuerte al gobierno de Rodolfo Suarez

Cuando en noviembre pasado Rodolfo Suarez ganó las elecciones legislativas con el 50% de los votos, en esta columna advertimos acerca de una trampa que -por lo general- les espera a los gobernadores que triunfan a chicote alzado en los comicios de medio término. Suelen confiarse, creerse Gardel, y de resultas de ello meter la pata en los asuntos menos pensados. Es que el ojo del amo suele relajarse.

Al otro día de esas elecciones, el lunes 15 de noviembre de 2021, escribimos: "El triunfador Suarez no debería envanecerse con los laureles del 50% sino asumir una doble responsabilidad". Ahora, a seis meses de aquel nuevo triunfo sobre el peronismo kirchnerista, Suarez acaba de meterse en un embudo fenomenal por una componenda política con un socio menor de Cambia Mendoza, el pastor evangélico Héctor Bonarrico.

El motivo fue la revelación de un pacto entre el Gobierno provincial y ese dirigente religioso, traducido en un subsidio no blanqueado debidamente. Bonarrico había sido, hasta el reciente cambio legislativo, senador provincial en representación del partido Más Fe aliado a Cambia Mendoza, pero al cumplirse el mandato se quedó sin reelección y sin cargo en el Gobierno. Por ello no puede menos que leerse como una compensación económica para el aliado el subsidio citado, de $9 millones de pesos anuales, que debía ir a parar a la Fundación Acción Social que maneja la iglesia del conocido pastor.

El acuerdo, que se preveía en principio para dos años (que hubieran sumado 18 millones de pesos), admitía además la posibilidad de ampliarlo en el tiempo y de actualizar el monto según la inflación. Las finalidades del subsidio, de acuerdo al enmarañado documento, eran tan amplias que terminaban siendo muy difusas. El exceso de palabrerío en un decreto no es un buen augurio. Si se entrega dineros públicos a privados debe explicitarse con meridiana claridad en qué se va usar y qué controles se van a exigir.

Mal augurio

Esa ayuda dineraria, diríase divina para estar a tono con el hombre de fe beneficiado, no iba a provenir de fondos privados del principal partido en el Gobierno, es decir la UCR, sino de fondos públicos cuya disposición debe ser debidamente informada y blanqueada, algo que no ocurrió sino que salió a la luz por el interés periodístico, por un lado y, por el otro, porque felizmente el pez por la boca muere: fue el propio Bonarrico quien admitió que el subsidio era para saldar un pacto político.

Cuando el decreto fue publicado en el Boletín Oficial terminó de quedar en evidencia lo que pasa cuando se mezclan los tantos. Política y religión nunca se han llevado bien. Como tampoco se llevan bien la política y el fútbol profesional. Fútbol y religión, dos maneras de ser creyentes.

Como del rayo, y con el escandalete desatado, Rodolfo Suarez dejó sin efecto el decreto que aludía al "convenio de colaboración" con lo cual se armó un lío fenomenal hacia el interior del Gobierno. La mancha de tuco sobre el mantel ya era difícil de sacar. El decreto maldito había sido firmado por el vicegobernador Mario Abed (en ausencia del gobernador) y por los ministros Víctor Ibañez (Gobierno) y Raúl Levrino (Seguridad). Sería estúpido creer que el mandatario no estaba en debido conocimiento de este tejemaneje.

Como resultado, el Gobierno provincial, habitualmente aburrido y gris, algo que el mendocino medio agradece, apareció ahora con un gobernador noqueado por un tema que debió haber sido manejado con más prurito republicano. El gobernador se ha llamado a silencio y ha sido el ministro Ibañez el único que ha tratado de sacar las papas del fuego, pero ya se sabe que Ibañez no es el más exitoso a la hora de aclarar los tantos.

La punta

Lo concreto es que el asunto ha hecho sonar las alarmas al punto que el peronismo que conduce la camporista Anabel Fernández Sagasti no sólo ha anunciado una denuncia penal contra el mandatario, sino que ha asegurado que, por fin, ha encontrado "la punta del ovillo". Con esa frase ha dado a entender que ella supone que si se sigue tirando de esa punta se va a desarmar una supuesta madeja de hechos similares.

Está muy bien que Sagasti ejerza tareas de control desde la oposición, lástima que ella esté tan fuertemente asociada a los gobiernos de Cristina kirchner en los que numerosos escándalos con diagnósticos de corrupción han terminado en los tribunales, y de los cuales no son pocos los que han tenido condenas (Boudou, De Vido, Ricardo Jaime, José López, Lázaro Báez, entre otros). Apelaremos, no obstante, al maestro Voltaire: "Podré no estar de acuerdo con lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo".

La diputada provincial Mercedes LLano, que supo ser aliada de Suarez cuando el PD integraba Cambia Mendoza, no se ha quedado atrás y ha asegurado que "en las bancas de la Legislatura hay varios Bonarrico", y que "se ha destapado una olla", todo lo cual lo atribuyó "al caudillismo cornejista".

El tufillo

Rodolfo Suarez ya era una especie de experto en sobreponerse a las adversidades. Baste recordar que los ambientalistas lo hicieron retroceder y debió anular una ley que reabría la actividad minera. El gremio docente frenó el tratamiento de una nueva ley de Educación. La oposición no avaló sus propuestas para modificar la Constitución. Y una entente compuesta por la Casa Rosada y un grupo de provincias peronistas hicieron abortar "la obra del siglo", como le llamaban con pompa a la presa Portezuelo del Viento que debía haberse iniciado sobre el río Grande, en Malargüe, entre otros proyectos que fracasaron. Pero el caso Bonarrico es un tema distinto. Es otro cantar.

Conclusión: pésima semana para Suarez, un gobernador que está bien resguardado desde los ministerios que manejan números, pero no tanto en las carteras más políticas. Es probable que su peor martirio sea ahora el de saber que ha quedado flotando en el ambiente, luego de tanto cuidarse, un tufillo a duda.

Está mal pagar con subsidios a quienes han sido o son socios políticos del Gobierno. Por más que Bonarrico hubiera usado esos fondos de la manera más profiláctica que se pueda pensar, ese decreto nunca debió haber existido. Así de simple. No en Mendoza.

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