Todo gobernador que gana las elecciones de medio término a chicote alzado, como ha sido el caso de Rodolfo Suarez en Mendoza, corre varios riesgos. El principal, de creérselas en demasía. O de endurecerse para conseguir lo que no obtuvo en la primera mitad. O de querer hacer las cosas de prepo. O de olvidarse de ponerle el oído a algunos sectores de su gobierno (sobre todo si es una coalición). O de cerrarse a la cultura del acuerdo.
Ganar a chicote alzado es bueno, pero tiene sus riesgos. ¿No, Suarez?
Es decir que algunos de ellos suelen envanecerse y ponerse algo pelmazos. Y la consecuencia es la de cometer errores. Algunos hasta se creen ahijados de Platón llamados a reelaborar de nuevo la política. Pero lo bueno es que en Mendoza no hay reelección de gobernador. Entonces, es la Constitución la que les baja el copete y los obliga a un baño de realidad.
Escasean los gobernadores que, a la vez, sean estadistas. Pero para subsanarlo suelen estar esos políticos prácticos, minuciosos o empeñosos que se cuidan de algunos asuntos como de mearse en la cama. Por ejemplo, del pecado de corrupción.
Qué le ven
El actual es un bicho raro. Todos lo sabemos. Si el 50% de los mendocinos avaló el 14 de noviembre los dos primeros años de gestión de Rodolfo Suarez es porque lo ven como un hombre previsible que no va a rifar la provincia.
Tampoco es que Suarez vaya a transformarnos de un día para otro en California. Si de aquí hasta 2023 no mete mucho la pata, quizá nos permita avanzar unos pocos casilleros como provincia. Y en un país con tanta involución como el nuestro, con tanta fascinación macabra por el pobrismo, con tanta desconfianza hacia la actividad privada, lograr una pequeña evolución es una especie de oro en polvo. Mendoza, felizmente, no ha olvidado a Paco Pérez.
Hoy, los que antes se decían progresistas se están convirtiendo cada vez más en conservadores consumados. Por eso, no involucionar es para festejar. Ordenar, previsionar, planificar, controlar, adecentar, servir, son verbos muy bienvenidos en la política.
Mendoza se destacó por ser una de las pocas provincias que durante lo peor de la pandemia se animó a diferenciarse del gobierno nacional. Por ejemplo en cómo encarar esa bomba sanitaria para no afectar de lleno en la economía, la educación y las libertades. También en despotricar contra la constante discriminación en la distribución de los fondos nacionales por ser "territorio hostil", como le llama Alberto Fernández a las provincias que tienen opinión propia en algunos temas centrales.
Esa diferenciación fue una de las razones por las que Suarez ganó las elecciones legislativas. Ocurre que la lógica que aplicó fue la que sostenía buena parte de la población. Fue muy bien merituado que se enfrentara con la Casa Rosada en asuntos puntuales sin patear el respeto a la institucionalidad presidencial.
Los fabulosos 4
Cuatro asuntos le quitan el sueño a Suarez. Los desglosamos sucintamente.
1) Frenar a los que dentro del oficialismo insisten en comenzar antes de tiempo la danza de nombres para pelear la gobernación en 2023, lo cual es hoy realmente un despropósito que no solo puede minar al que se lance a esa pileta sin agua sino joderle la paciencia al que está gobernando.
2) Insistir con el proyecto de reforma de la Constitución, un propósito en el que han fracasado todos los gobernadores desde el retorno a la democracia. Suarez debería sacar varios conejos de la galera para convencer al peronismo de la provincia. Pero el PJ está desorientado, dolorido y aún con resaca por la ingesta indebida de kirchnerismo.
3) Pactar con el peronismo y los docentes el tratamiento de una nueva ley provincial de Educación que esté a tono con los nuevos desafíos de la tecnología y de la ciencia educativa, una idea en la que Suarez ya fracasó en su primera etapa de gestión por falta de acuerdos previos.
4) Poder comenzar con el demorado proyecto de Portezuelo del Viento en territorio de Malargüe, un plan en el que la Provincia ha tenido más enredos que soluciones con la Casa Rosada y sus circunstanciales socios pampeanos. La Pampa insiste con más estudios de impacto ambiental ad infinitum.
El práctico
Suarez acaba de decir: "Yo soy muy práctico para gestionar y trabajar". Ese concepto lo tiene que poner a funcionar a full. Es lo que parece que más le va rendir. No es que no deba soñar con grandes temas, sino que ordenar con inteligencia y provecho la gestión más pequeña, más cotidiana, a veces es políticamente más rendidor.
Por ejemplo, le ha dado punto final al proyecto legislativo para comprar pistolas Taser para la Policía (esas que no matan sino que inmovilizan con una descarga). "Son caras y no hay en el mercado. Y la provincia no está en condiciones de adquirirlas", con lo cual evitó que se discutiera al cuete el asunto en la Legislatura.
Ahora otro de los puntos de fricción por los que Suarez ha encarado a la Nación y a Aerolíneas es que la provincia se está perjudicando por la falta de vuelos. Que la gente no pueda viajar en avión a Buenos Aires con la habitualidad que lo hacía antes es bastante incomprensible. Esta ausencia de conectividad aérea está significando un perjuicio grande a la economía y al turismo.
Además el mandatario insiste en que se debe ser muy cuidadoso en no volver a restricciones de circulación o de ingresos sin tener en cuenta la realidad de cada provincia. Gestiones parecidas a esas, que le hagan un poco más fácil la vida a los contribuyentes, son las que van a dejar marca si el gobernador las sigue monitoreando muchas veces personalmente.



