El filósofo argentino Ernesto Laclau, autor de La Razón Populista, en una entrevista que concedió al diario La Nación en 2005, dijo que “cuando las masas populares que habían estado excluidas se incorporan a la arena política, aparecen formas de liderazgo que no son ortodoxas desde el punto de vista liberal democrático, como el populismo. Pero el populismo, lejos de ser un obstáculo, garantiza la democracia, evitando que ésta se convierta en mera administración”.
¿Podría ser considerado Milei el nuevo líder populista de derecha?
Sin embargo, en el “Las Nuevas Caras de la Derecha”, Enzo Traverso (2017), explica que el abuso del concepto de populismo, es tan grande, que ya perdió buena parte de su valor interpretativo. Esto no significa que impugne el término populista, sino que considera que se vuelve un problema cuando se lo utiliza como sustantivo, como concepto. “Prefiero utilizarla como adjetivo”. Porque para este autor el populismo, es, ante todo, un estilo político, no una ideología.
Por eso Traverso, explica que en la retórica de movimientos y líderes políticos se encuentran estilos e ideologías muy diferentes unos de otros. Repasemos algunos ejemplos: se tildó de adherentes al “populismo” a Nicolás Sarkozy, Marine Le Pen y Jean-Luc Mélechon en Francia; a Silvio Berlusconi, Matteo Salvini y Beppe Grillo en Italia; a Jeremy Corbyn en Reino Unido; a Donald Trump y Bernie Sanders en los Estados Unidos; a Hugo Chávez en Venezuela; a Evo Morales en Bolivia; a Néstor Kirchner y a su esposa Cristina Fernández en Argentina. Dada la diversidad de estos personajes, la palabra “populismo” se ha convertido en una cáscara vacía, que puede llenarse de los contenidos políticos más diversos. Hoy tildar a alguien de “populista” es un embate político que apunta a estigmatizar al adversario. “Populismo”, considera Traverso, es una categoría en la cual intentan inmunizarse élites políticas cada vez más alejadas del pueblo. Por eso, a medida que se acepta el término de populismo, la línea divisoria derecha-izquierda como guía en el campo político queda obsoleta y resulta ineficaz.
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El populismo en América Latina
Históricamente los populismos de América Latina, intentaron redistribuir la riqueza e incluir a los estratos sociales más excluidos con objetivos esencialmente sociales. Mientras que los partidos populistas de Europa occidental se han caracterizado y lo siguen haciendo, por la xenofobia y el racismo y excluyen categorías enteras de la población.
Hoy vemos que los nuevos populismos de nuestra región han virado de eje: basta mirar el caso de Bolsonaro en Brasil o nuestro referente Javier Milei.
Repasemos los meses previos. En su carrera por la presidencia de la Nación, Javier Milei, diputado libertario argentino, economista de la Escuela de Austria, con orientación filosófica anarcocapitalista, saltó a la masividad y lideró muchas encuestas. Con un discurso confuso, con debilidad técnica y el insulto a flor de labios listo para ocultar su fragilidad de conceptos, logró sacudir el sistema político.
Hoy podemos afirmar que estamos frente a la representación de un proceso de transformación mucho más profundo en la República Argentina.
El ascenso de Milei como el de otras figuras de las denominadas “derechas alternativas” jugó la carta radical y propuso “patear el tablero” con discursos contra las élites, el establishment político y la “casta”. Sobre todo, porque las sociedades occidentales hace años son sometidas a repetidas crisis económicas en donde crece el rechazo a un sistema democrático maltrecho y se ponen en auge las nuevas extremas derechas como un fenómeno tan sorprendente como preocupante.
Milei logró vehiculizar la rabia y el resentimiento de quienes se consideraban perdedores: las clases subalternas. La Libertad Avanza tuvo una notable penetración, sobre todo, en las poblaciones más jóvenes, quizás por el uso efectivo de las redes sociales.
Milei, el outsider
Pero la rabia no lo es todo. Milei logró dar una narrativa a esa ciudadanía basada en promesas fáciles y sin costo. Como Menem en 1989 con la revolución productiva y el salariazo. Su condición de outsider lo protege de cualquier confrontación con la realidad de gestiones anteriores porque como aún no ha formado parte de ningún gobierno goza de la inimputabilidad del que se anima a la política y todavía no tiene errores que se le cuestionen.
Y las chances de Milei comenzaron a crecer por algunas variables: rabia y hartazgo, rechazo a la política, pero también, politización en sentidos opuestos a los que consolidó la hegemonía kirchnerista.
En las elecciones del domingo 7 de cada 10 mendocinos que votaron lo hicieron por Milei o en contra de la actual política económica. En contra de la inflación, del mango que no alcanza, por los hijos que se van a buscar un mejor futuro al exterior, y por el hartazgo con el sistema político.
Ya quedó demostrado, como ocurre desde hace 40 años en nuestro sistema democrático, no hubo fraude electoral, sí algunas irregularidades, mañas. Tampoco el voto en blanco fue protagonista. La gente optó. Y claramente en esa decisión no influyeron los medios de comunicación ni los debates y menos las encuestas.
No hubo un voto de sentimiento ideológico, pero sí anti K, muy corrido a la derecha. Aunque en el enojo, mucho votante de Milei no sabe bien qué tipo de políticas votó: pero sí que se termine el modelo actual. Incluso muchos votantes no leyeron “la letra chica del contrato”.
Datos. Como era de esperarse personajes con ideales parecidos a los de Milei ya lo felicitaron como Jair Bolsonaro o Donald Trump.
¿Será que la corrección política y el progresismo pasaron de moda? y ¿la rebeldía se volvió de derecha? Me permito tomar en clave el título del libro del doctor en Historia y periodista, Pablo Stefanoni (2021).
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El día después
Buena parte del 44% que sacó Massa no fue por sus propuestas, sino en defensa de los derechos, de la democracia y la educación pública. Pero Massa no tuvo un solo indicador positivo: 140 por ciento de inflación anual, 56 por ciento de los niños pobres y un estancamiento del país que lleva más de diez años. Claramente el electorado identificó al gobierno como el responsable de esta situación y pidió un cambio. Es que Massa fue mejor candidato que ministro. No tuvo nada bueno para mostrar. Y no bastó sólo con la esperanza o el miedo al cambio.
Las campañas fueron erráticas y no hicieron variar los apoyos a favor de uno y otro. La gente decidió por el peso de la inflación en el bolsillo.
¿Pero quién tendrá el control de la gestión económica en este gobierno liberal libertario. Federico Sturzenegger, que fracasó en la gestión de Macri entre 2015-2019 o el grupo de economistas heterodoxos conducido por Emilio Ocampo y Héctor Rubini? Como explicó el economista Alfredo Zaiat en Página 12 “son los que piensan que hay que volver a un contexto similar al de la década del '90: desregulación, flexibilización laboral y apertura comercial y financiera. Para el sector agropecuario esto implica eliminar cupos de exportación, reducir impuestos y eliminar retenciones. Estamos ante el inicio de un cuarto ciclo de destrucción del tejido socioproductivo, con el saldo conocido: menos industrias y pérdida constante de empleos formales de calidad”.
Milei ya avisó en su primer día como presidente electo que privatizará empresas que pertenecen al Estado como YPF y Enarsa.
También anticipó que privatizará la TV Pública, Radio Nacional y la agencia Télam. Su argumento, lo dijo en una entrevista con Eduardo Feinmann es que “el 75 por ciento del tiempo que se habló de mi espacio se hizo de manera negativa, abonando la campaña sucia y del miedo en su contra”. ¿Aplicará una política de venganza?
No todos los que votaron por Milei coinciden con cada una de sus posiciones extremas en materia de derechos humanos, laborales y sociales o su intolerancia a los que piensan distintos. Tampoco muchos avalan el negacionismo en materia de derechos humanos durante la última dictadura militar, sobre todo impulsado por la vicepresidenta electa Villarruel. Aunque sí, la mayoría de sus votantes quiere menos intervención del Estado en la vida de los argentinos, y no hablo sólo de lo económico.
La Libertad Avanza es muy débil en el Congreso. En la Cámara de Diputados pasará de tres bancas a 38. No obstante, se verán obligados a convencer a sus nuevos socios de Juntos por el Cambio, para llegar al mínimo de 129 presentes. También será fundamental la negociación con los bloques provinciales y con los “neutrales” del PRO y la UCR.
En la Cámara Alta los libertarios tendrán sólo 7 senadores por lo que deberán esperar el apoyo de los legisladores de Juntos por el Cambio más otros 6 de bloques provinciales. Lo cual será complejo, especialmente si impulsa algunos proyectos que no gozan de amplio consenso.
Es la primera vez en el mundo que gana la presidencia de un país un candidato anarcocapitalista. Y llega al país con promesas hechas y deshechas al mismo tiempo. Esperemos que nuestro país no se transforme en un laboratorio de la extrema derecha cuyas consecuencias pueden ser muy graves.
La historia lo ha demostrado: los pueblos se equivocan. Esperemos que esta vez sea la excepción.
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