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Mendoza: entre la sombra del pasado y la claridad del presente

Sorprende ver cómo la oposición a falta de ideas y de nuevos horizontes, divaga en su propuesta por lo menos mezquina

Editado por Francisco Lo Presti

Mendoza se enfrenta a un nuevo proceso electoral, marcado por un contexto de apatía y malestar ciudadano, donde no se debaten ideas sino el juego de cada elección. La oposición culpa al oficialismo de todos los males y así entramos en círculos sin horizonte que poco le importan a la sociedad. ¿Por qué no probamos con ser honestos? Un buen ejemplo fue el del diputado nacional por Mendoza Martín Aveiro, reconociendo en el gobernador Alfredo Cornejo su compromiso en el desarrollo territorial en materia de obra pública en todos los municipios de la provincia, más allá del color político de turno.

Sin embargo, sorprende ver cómo la oposición a falta de ideas y de nuevos horizontes, divaga en su propuesta por lo menos mezquina -poner límites- frase peligrosa para los mendocinos, que aún recuerdan cuando nos encerraron a todos, limitando nuestras libertades, mientras en Casa Rosada y en Olivos reinaban el despilfarro, los lujos y las fiestas. Hoy los mismos actores se disfrazan de corderos y se presentan como salvadores, cuando fueron cómplices durante años del relego de Mendoza en la agenda nacional, en el gobierno de Alberto Fernández.

La realidad es que Mendoza no es la Formosa de Insfrán, ni La Matanza de Espinoza, ni el conurbano de Kicillof, mucho menos la Mendoza de Paco Pérez. Hoy, somos una provincia que honra su historia, que valora el sacrificio, el esfuerzo, y que ha sido forjada en base al trabajo y la dedicación de su gente. Mendoza nació con una visión de prosperidad, construida por aquellos que creyeron en el esfuerzo conjunto, en el trabajo y en un Estado facilitador del desarrollo productivo e inversión privada.

francisco lo presti con vecinos de las heras

Francisco Lo Presti con vecinos de Las Heras.

Mientras el kirchnerismo mendocino se dedica a criticar al gobierno provincial por concretar obras que, alega como responsabilidad del gobierno nacional, nosotros seguimos dando certezas y decidimos hacer, con un solo objetivo: mejorar la calidad de vida de los mendocinos. Es fácil desligarse de responsabilidades, culpar a otros y pasar los problemas a otro nivel de gobierno. Pero solo para que quede claro, el ciudadano de a pie no necesita entender de jurisdicciones sino de un Estado eficiente que resuelve.

En este marco Mendoza se encuentra en una discusión electoral de dos modelos políticos y de gestión diametralmente opuestos. El modelo populista opositor, que se basa en eslóganes vacíos de contenido, fingiendo demencia de quien llevó el país a terapia intensiva y, casi al borde del colapso total. Con prácticas clientelistas, instituciones débiles y una población sumida en un ejército de intermediarios de planes sociales, mientras la clase política crea un ecosistema donde la corrupción se sostiene por su propio diseño.

Cambia mendoza LLA 1

Cambia Mendoza ha apostado siempre a la institucionalidad. Aquí, la alianza con La Libertad Avanza.

El otro modelo es el que representa Mendoza: sin recursos extraordinarios, pero con una gestión ordenada, previsible y transparente. Lejos del populismo de corto plazo, Cambia Mendoza ha apostado siempre por la institucionalidad, el equilibrio fiscal y las políticas públicas pensadas a largo plazo y con desarrollo territorial en inversión pública a lo largo y a lo ancho de la provincia.

El ejemplo es claro en el departamento de Las Heras. Luego del descalabro sucedido en 2023 no se hubiese podido recuperar el orden institucional, el equilibrio presupuestario, financiero y la obra pública, sin un gobierno provincial que no comulgue con estos ejes rectores que hacen a la base de políticas públicas locales que mejoran la calidad de vida de los vecinos.

Hay un hecho de claridad meridiana. Les es más fácil gestionar a todos los municipios, con un gobierno con la calidad institucional que ha marcado Cambia Mendoza en estos 10 años, conduciendo los destinos de nuestra provincia.

De la misma manera que a Mendoza le fue mejor con gobiernos nacionales que marcaron un rumbo económico con equilibrio fiscal, baja inflación, y un país abierto al mundo.

El futuro de Mendoza: entre la continuidad y el retroceso

En el hacer existen aciertos y errores, pero lo que está claro es que la gestión provincial ha logrado que Mendoza no esté condenada al fracaso. Por el contrario, que tenga un horizonte previsible y prometedor de grandes trasformaciones. Hay provincias que sí lo estarán si siguen apostando a modelos políticos que lucran con la pobreza y el desorden. La diferencia no solo radica en los recursos, sino en la decisión de gobernar con principios y valores o sin ellos.

La comparación entre los modelos es inevitable, pero sobre todo necesaria. No se trata solo de geografías distintas, sino de dos concepciones antagónicas sobre el poder. Uno utiliza el poder para perpetuarse y someter, mientras que el otro lo utiliza para ordenar, construir y garantizar derechos, procurando el desarrollo individual como colectivo.

En un país que necesita urgentemente reconstruir la confianza, recuperar la institucionalidad y salir del estancamiento, el modelo mendocino debería ser la regla, no la excepción.

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