En la Patagonia

El robo de cables en una cuenca de petróleo que están valuados en hasta $20 millones

Esto robo se debe a que en el mercado negro se paga más de $17.000 el kilo de cobre, lo que permite incrementar su sustracción

La cuenca petrolera más antigua del país, el sector de la cuenca del Golfo San Jorge, ubicado entre Chubut y Río Negro, sufrió una vez más el robo de cables de cobre, reavivando la preocupación por una problemática que continúa afectando la infraestructura energética y la producción hidrocarburífera.

El hecho ocurrió el lunes pasado por la noche en el área de Campamento Central, donde se detectó la sustracción de cerca de 750 metros de cable de cobre de 50 milímetros pertenecientes a una línea de media tensión vinculada a una Subestación de Producción.

Esta cantidad de cable sustraído está valuado en el mercado en casi $20 millones, lo que produjo una grave afectación a la cuenta petrolera.

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El lugar donde se robaron los cables en la Patagonia.

El lugar donde se robaron los cables en la Patagonia.

El robo de cables en el petróleo

A su vez, se descubrió que varios postes del tendido eléctrico fueron derribados de manera intencional y hasta hallaron un rollo de cable, por lo que para las autoridades evidencia “un accionar planificado y con logística previa”. Personal policial y peritos de Criminalística se acercaron al lugar tras la denuncia e intervinieron en el sitio durante la madrugada.

Conforme a la información aportada por fuentes policiales, este tipo de hechos continúa produciéndose en estas zonas de la Patagonia pese a los importantes esfuerzos en materia de seguridad desplegados por las compañías operadoras, que incluyen patrullajes, monitoreo y refuerzo de controles en zonas sensibles.

Desde hace meses la Patagonia sufre el robo de cables y la explicación es simple: la cadena de comercialización del cobre. Esto se debe porque en el mercado negro se paga más de $17.000 el kilo, lo que permite incrementar su sustracción.

Las autoridades destacan que ya existen cadenas de proceso que permiten transportar y vender el cobre “sin algún nivel de visibilidad dentro de los circuitos informales o incluso formales”. Pese a las acciones de las compañías, las consecuencias de los robos siguen siendo concretas: pérdidas económicas, afectación de infraestructura crítica y riesgos operativos que impactan directa o indirectamente en la producción petrolera de la región.