En Córdoba los hijos de Perón se diferencian marcadamente de los peronistas de las otras provincias. Nunca se llevaron bien con Cristina Kirchner. Durante su mandato, Alberto Fernández definió a esa provincia como "territorio hostil" para sus intereses políticos. Los cordobeses tienen un talante singular, como si fueran la Barcelona local. Eso sí: sin separatismo y con el mismo idioma de los argentinos.
Martín Llaryora, el cordobés de apellido difícil que se las trae con sus "pituquitos de Recoleta"
Ellos tienen su libreto, su relato, su cordobesidad al palo. Tanto los peronistas como los radicales. Como usted sabe lector/a, decir peronista en Córdoba tiene poco que ver con decir peronista en el Conurbano o en La Rioja. Ni hablar si en Córdoba se dice kirchnerismo.
Juan Grabois, ex dirigente social y ahora desatado referente político, ha definido al gobernador electo de Córdoba, el peronista Martín Llaryora, como un político "de reflexión superior, de mente abierta, alguien que no es prejuicioso y que está mucho más adelantado que Juan Schiaretti". actual mandatario de esa provincia y líder del PJ cordobés.
Llaryora, quien porta un apellido que hay que pronunciar varias veces para que no se nos trabe la lengua, está muy envalentonado por haber sido electo gobernador luego de ser intendente de Córdoba Capital. Además se muestra exultante por el triunfo de Daniel Passerini, pollo suyo, en la elección para intendente de la segunda ciudad del país,
Passerini le ganó esa intendencia clave al radical Rodrigo De Loredo, candidato de Juntos por el Cambio, a quien algunas encuestas sugerían que iba a dar un batacazo.
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Pitucos al "dope"
Tanta era la fe que le tenían al radical De Loredo en Juntos por el Cambio (JxC) que los dos precandidatos presidenciales de esa coalición, Patricia Bullrich y Horacio Rodríguez Larreta, guardaron por unas horas la munición gruesa con la que se tiran, y no dudaron en viajar a "la docta" para estar presentes en los festejos.
Solamente a un cordobés (Rodrigo de Laredo, en este caso) se le puede ocurrir decirle a Bullrich y Larreta "los hice venir al pedo" en el acto donde reconoció la derrota. Debe admitirse que esos dos porteños estuvieron bien al subirse al escenario para acompañar al derrotado, fue un gesto para los ciudadanos que ya están un poco cansados de las peleas de estos precandidatos
Mientras De Loredo lamentaba el viaje al cuete de los porteños, a pocas cuadras, Llaryora, gobernador electo, desbordaba su cordobesidad y sin nombrar apellidos se lanzaba a demoler el porteñismo y la costumbre de la Casa Rosada de querer mandar sobre las provincias más de lo que permiten las normas del federalismo.
Verba inflamada
Tome nota de la verba inflamada de Llaryora: "Basta de que nos maltraten desde afuera, de que los pituquitos de Recoleta nos vengan a explicar qué hacer y qué no hacer. Ojalá que este ejemplo, que este grito de Córdoba, sea tomado por el interior de nuestra patria".
Fue música para los oídos de quienes hacen los titulares en los diarios y los graphs de la TV. No faltaron los que vieron en eso de "los pituquitos" una boutade algo apolillada, pero el efecto buscado por el peronista se logró.
Llaryora es un tipo de 50 años, de apariencia robusta, de oratoria vibrante y cuasi melodramática que lo lleva a sugerir que se va a quedar ronco por la pasión política. En ese acto dijo una cosa extraña: "Estamos inaugurando el partido cordobés". ¿Qué será eso? se preguntaron muchos.
Es que Llaryora no dijo "estamos renovando el peronismo cordobés". Dijo clarito "inauguramos el partido cordobés" y agregó un adjetivo que hacía mucho tiempo que no se escuchaba en los discursos peronistas: habló de "los cipayos que viven del esfuerzo de las provincias". Debido a eso, "ahora somos más cordobeses que nunca", machacó.
La profecía
Llaryora rechaza que vengan de afuera a darles clases de lo que se debe hacer en Córdoba. Por algo, afirma, les fallaron a esos videntes todas las encuestas. Se desgañita al afirmar que el 90% de los subsidios para el transporte público se los lleva la Ciudad de Buenos Aires y el Conurbano donde según él, no producen nada, y sólo se dedican a recolectar la plata que generan en el interior del país los sectores que producen.
Como ejemplo citó que este año el campo cordobés pagará retenciones al agro por 3.500 millones de dólares. "No producen nada, viven del campo", definió.
Curtido en la trenza política del peronismo mediterráneo desde que en la facultad fue dirigente estudiantil, Llaryora coronará su aventura gubernativa en "la Docta" con una gobernación que promete ser vistosa. Su labia exultante es su mejor arma, pero también puede llegar a ser su enemiga. Su estilo es una mezcla colorida del político que mezcla cosas de la vieja usanza partidaria, pero a las que matiza con necesarias modernidades.
Fue dos veces intendente de San Francisco, ministro del gobernador De la Sota, diputado nacional, vicegobernador, intendente de Córdoba Capital y ahora gobernador electo. El "ahijado" papal Juan Grabois, quien asegura tener habilidades proféticas, acaba de contar que cuando lo conoció a Llaryora hace dos años y habló con él largo y tendido, le dijo: "Vos vas a ser presidente argentino".
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