Juan Grabois (40 años, casado, tres hijos) es como un inspector de purezas dentro del rubro "militancia social". Su ideología es un cóctel de izquierdismo de base marxista, con fuerte condimento de antiliberalismo católico, salteado con populismo kirchnerista y un toque de piqueterismo de nivel terciario.
Juan Grabois y el arte de hacer ruido para quedar posicionado en la política
Estamos ante un tipo estudiado, de San Isidro, que ha ido a buenos colegios, se ha recibido de abogado y de licenciado en Ciencias Sociales, y que es profesor en la Universidad de Buenos Aires. Los que lo quieren bien, aseguran que su apariencia desaliñada no es impostada. Los que en cambio lo tienen entre ceja y ceja postulan que es un cheronca que trabaja de pastor de almas.
Su inteligencia le hace decir cosas como ésta: "La vanidad es la principal tentación de un militante", razón por la que trata de no manejar redes sociales ("son una burbuja") y de estar muy atento a los errores que le marcan los compañeros de ruta.
Es hijo de un mítico personaje peronista, Roberto Pajarito Grabois, y de Olga Gismondi, una médica pediatra. En los años '70 el citado Pajarito (un guevarista que se pasó al peronismo no montonero) era un militante tramoyista que por lo general actuaba entre las sombras, algo así como nuestro Juan Carlos Mazzón.
Juan Grabois es el líder del Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE) y de la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular (CTEP). También conduce el Frente Patria Grande con el cual ha pivoteado todos estos años en torno al kirchnerismo como adherente crítico.
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El ahijado del Sumo
Su gran salvoconducto a los fines políticos es el de ser una especie de ahijado del papa Francisco. Con Jorge Bergoglio consolidó una amistad fraternal e intelectual que él utiliza como si fuera un máster de universidad prestigiosa. Pero sobre todo amasó ese costado entre peronista y católico, al que él le agrega un touch marxista que siempre garpa, como el cilantro y la albahaca en algunas comidas.
Hasta hace unas semanas Grabois maridaba su ímpetu político bajo el caparazón de dirigente social. Ahora se ha largado de lleno a la arena política ya que en las inminentes PASO nacionales será el contrincante -para presidente- de Sergio Massa dentro de Unión por la Patria, el nuevo nombre del peronismo kirchnerista.
Su intención, dicen los suyos, no es la de ser "el Petri de Cornejo", en el sentido de darle una sorpresa a Massa en las PASO. No tiene con qué. Sí, en cambio, la de hacer ruido para quedar posicionado como referente político, sobre todo ahora que se presiente un lento ocaso del kirchnerismo, aunque digno es recordar que en 2015 muchos ya enterraron al kirchnerismo y ahí lo tenemos.
Aprenda la contra
Como una enseñanza para los peleadores de Juntos por el Cambio, Grabois se ha lanzado a competir con Massa pero dejando en claro que no se va a enemistar con el ministro de Economía, porque -ha remarcado- sabe muy bien lo que hace y lo dice así: "Quédense muy tranquilos, tenemos muy claro de que lado estamos jugando".
Sus detractores deberían leer esto: "A diferencia de la oposición, que se tira con informes de inteligencia y con camiones de droga, nosotros vamos a hacer una interna propositiva, constructiva, con diferencias de perspectivas, de perfil, de orientación, pero con claro sentido patriótico". ¿Si esto no es un piquetero instruido y vivaracho, qué es?.
Si quedan dudas póngale la oreja a esta otra advertencia: "Quédense tranquilos. Pase lo que pase en las elecciones, tenemos muy en claro de qué lado estamos. Esto es largo. Esto dura hasta que no haya un solo pobre en la Argentina".
Y para coronar su oferta de sinceridades marca Grabois, en las que no incluye, empero, ninguna crítica al gobierno kirchnerista, el hijo del Pajarito ha dejado sentado que participar en los comicios "le dará la posibilidad a nuestro movimiento de poner condiciones en el programa político y social de la etapa que se viene".
Somos todos
Mire usted, lector-a: de este hombre se podrá tener la opinión que más le guste, pero no podemos negar, aunque él no lo acepte abiertamente, que estamos ante un político profundamente peronista. El personaje es complejo, jodidamente populista, pero claramente no es del montón.
Si es que nos interesa bucear en la política argentina, no podemos ignorarlo creyendo que Grabois es un loquito quilombero. Estamos ante un hombre instruido, con conocimientos e ideología, que está por encima del dirigente piquetero de manual.
Perón decía que en este país se podía ser comunista, liberal, socialista, capitalista, radical, conservador, creyente, agnóstico o lo que fuera, pero que eso no importaba porque él había logrado que, en el fondo, todos fuéramos peronistas. Juan Grabois podría ser, claramente, un rotundo ejemplo.
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