Análisis y opinión

El Mundial nos atraviesa y no hago otra cosa que pensar en ti

La previa de la semifinal que volverá a encontrar a la Selección argentina con la inglesa tiene todos los condimentos posibles

La sociología y la psicología son disciplinas aptas para desentrañar y explicar el fenómeno que envuelve al fútbol. No solo es por "la dinámica de lo impensado" (Dante Panzeri), esa forma en la que el balón se desplaza por "la verde gramilla" (Angelito Labruna). La pasión de multitudes (lugar común para describir el fervor) que despierta el bello deporte cuasi inventado por los ingleses, quienes le dieron la forma definitiva, justifica múltiples estudios interdisciplinarios. No pueden quedar de lado la politología, la historia y las relaciones internacionales.

En el caso de la competencia internacional que convoca a los seleccionados provenientes de todos los continentes, también hay lugar para las previsiones económicas, los impactos turísticos, el movimientos de divisas, los aparatos publicitarios, las coberturas mediáticas, el merchandising, las apuestas, la indumentaria, las figuritas. Hasta la diplomacia se pone a tiro por los tonos de declaraciones, los improperios calificados como discriminatorios, las barreras migratorias y cuestiones de Estado, como la intervención de Donald Trump.

También la política toma nota del fenómeno de masas multicultural y social, que cobra una dimensión sin fronteras en el campeonato organizado por la FIFA y que permite sufrir, celebrar o llorar en todos los confines al ritmo de las tensiones del juego y de los resultados. Los cálculos políticos definen la agenda en función del clima general, atravesado por los ánimos que despiertan los equipos que pertenecen a las asociaciones pero que extienden su representación hasta la médula de lo que implica el ser nacional.

El DT argentino Lionel Scaloni trató de "bajar la espuma" de la rivalidad a horas de la semifinal Argentina-Inglaterra.

El DT argentino Lionel Scaloni trató de "bajar la espuma" de la rivalidad a horas de la semifinal Argentina-Inglaterra.

Y cada vez se hace más intenso el sentir en los diversos países, con sus características y matices, que en el caso de Argentina toca los límites, hasta la irracionalidad. El fútbol es fuente de salvación para los chicos y las familias que los contienen con la ilusión de triunfar en primera. Es una vía selectiva de movilidad social ascendente. En nuestro país ya no quedó reservado a los entendidos o a los socios de un club, o los habitués de las tribunas. Hace rato dejó de ser un deporte para varones con el impulso que le ha dado la Selección, para integrar a las chicas e involucrar hasta a las abuelas. Nadie permanece indiferente a su camiseta.

El devenir del fútbol posee la capacidad de generar clásicos y rivalidades. También es el ámbito donde se expían rencores y nobles sentimientos. La camiseta del equipo tiene la cualidad de ser depositaria de expectativas profundas, del orgullo personal y colectivo, y de frustraciones a la par. A tal punto que por finales perdidas se lo ha despreciado al mismísimo Messi, el gran estandarte de la Selección y el mejor del mundo en el más popular de los deportes. En un mismo partido sentimos que el equipo no va a ningún lado, despotricamos, le caemos a tal o cual jugador, muchas veces a los mismos que nos despiertan el grito desaforado de gol.

Los duelos en el campo de batalla futbolero con los ingleses enriquecen las páginas de la historia de los clásicos mundialistas y demás desafíos. El gol de Grillo desde un ángulo cerradísimo en el Monumental, la rebeldía del Rata Rattín en la polémica expulsión del '66, el gol del Pupi Zanetti, el resentimiento con la Brujita Verón, la jugada del "Pibe de Oro" en Wembley, cuando tras un último toquecito, la pelota rebelde se fue por el segundo palo. Y claro, la "mano de Dios" y el reconocido como más extraordinario gol de todos los mundiales, obras inolvidables del Gran Diego.

La previa de la semifinal que volverá a encontrar a la Selección argentina con la inglesa tiene todos los condimentos posibles, sazonados por los espacios mediáticos y las redes sociales. Gente con mesura, los menos, ponen foco en el potencial de cada equipo. Sobreabundan los mensajes virulentos, de aquellos que recalientan el folclore estrictamente futbolero, y los otros, que ponen de relieve la disputa histórica que mantenemos por la soberanía e integridad territorial usurpadas por el Reino Unido. Mientras tanto, enhorabuena, los jugadores velan sus armas enfocados en el bello deporte.

La figura de Maradona surge con fuerza cuando se habla de Argentina-Inglaterra.

La figura de Maradona surge con fuerza cuando se habla de Argentina-Inglaterra.

Muchos de los nuestros han hecho carrera, han conformado familias y han tenido descendencia en Inglaterra. Son conscientes de todo lo que se juega en la gesta deportiva, sin ningún tipo de distracción. Lionel Messi ha declarado que se trata de un "partido especial", pero lo resume en que la Selección argentina quiere llegar a la final ganándole a una potencia futbolística a la que él enfrentará por primera vez en su prolífica carrera. El otro Lionel, Scaloni, también lo ha expresado en similares términos, acotando connotaciones: "Solo un partido de fútbol".

Las autoridades de seguridad de Atlanta han definido el clima como de "alto riesgo" y han armado un fuerte operativo para que impere el control sobre los hinchas más exaltados.

En el campo de juego veremos a nuestra Selección poniendo todo para lograr el triunfo frente a su legendario rival y vistiendo la emblemática camiseta azul a 40 años del recordado México '86.

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