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Análisis y opinión

Cristina Kirchner: como "viva el cáncer" pero con un fallo judicial y en pleno siglo XXI

El tiempo dirá cuán acertado fue el fallo de la Corte Suprema que causó conmoción política en el país pero que trae recuerdos de otros acontecimientos en donde los actores sufrieron el rigor del poder

Editado por Nacho Rodríguez Jardel
rodriguezjardel@gmail.com

Hay una parte irracional del argentino que goza con el dolor ajeno. Es bastante compleja la sociedad de este país que se hizo a los empujones con muchos que bajaron de los barcos y otros que fueron desaparecidos por ser indios o mucho más tarde por ser militantes políticos.

En primera persona, podría decir que soy un periodista que observa la realidad y la cuenta como la ve. Por eso pido disculpas si hiero susceptibilidades con estas pocas palabras.

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"Viva el cáncer", el emblemático graffiti que apareció en una pared porteña mientras Evita agonizaba, en julio de 1952.

Cuando no hay cojones

Me tocó vivir con veintipico la huida de Fernando De la Rúa del poder y el baño de sangre que quedó en la Argentina, al margen del desastre económico que destrozó todo el tejido social con gente revisando la basura para comer en todos los pueblos del país.

A De la Rúa le faltaron cojones para salir del plan económico gastado del menemismo qué, subido a la ola mundial del capitalismo salvaje, rifó los bienes del país a cambio de una supuesta modernización y a la vez cerró industrias, empobreció a la clase media y más a los pobres.

Me tocó ver también, mucho más cerca en el tiempo, el desfalco del país al que llevaron muchos de quienes hoy son parte del elenco de gobierno con un endeudamiento de miles de dólares de los cuales nadie sabe su paradero y que pagaremos por décadas.

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Cristina Fernández fue condenada por la causa Vialidad y este martes la Corte Suprema ratificó la sentencia con un fallo unánime.

Código penal, a veces

No hubo nunca imputados ni procesados por esos delitos enumerados en dos párrafos y que constituyen a las claras tipos especificados en el Código Penal argentino. Jamás un fiscal o un juez se metieron en esos asuntos. Raro.

Descarto, por tanto, que el fallo condenatorio a la expresidenta Cristina Kirchner se trate de un acto de justicia. O de un hecho que busque reparar el daño organizado para herir al Estado. No hay ahí persecución de justicia sino ensañamiento sobre una figura. Ya pasó otras veces.

La Corte Suprema termina siendo un ariete letal que podría haber despertado un gigante un poco dormido y otro más bien fragmentado: el pueblo de a pie y el Partido Justicialista.

Espejito espejito

Las presidencias de Cristina Fernández y Néstor Kirchner son ponderadas muchísimo mejor que las de Fernando De la Rúa y Mauricio Macri. Más allá de las estadísticas y datos que lo confirman, una parte muy considerable del pueblo estuvo mucho mejor económicamente con el matrimonio que con los otros dos.

El círculo rojo, el poder concentrado o hegemónico o como gusten llamar a quienes manejan el poder real de la Argentina –y de la mayoría de los países capitalistas— nunca vieron con buenos ojos al matrimonio patagónico. Digamos todo.

Sin embargo, una condena durísima ha caído sobre la única mujer elegida para ser presidenta en la historia del país por dos mandatos consecutivos. También vislumbro un componente de fuerte sesgo machista en los fallos.

Todos los eslabones del proceso protagonizados por hombres: fiscales y jueces de todas las instancias. Ninguna mujer intervino en ninguna parte de ninguno de los procesos. Parece un dato menor, pero a esta altura de los dislates, todos los datos aportan para tratar de entender lo que sucedió.

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Cristina Kirchner dejó de ocupar cargos públicos en diciembre del 2023.

Increíblemente unidos

Por primera vez en meses, los 36 senadores nacionales de raigambre peronista volvieron a juntarse, los diputados nacionales y gobernadores peronistas, muchos de ellos no enrolados en el kirchnerismo, como casi todas las unidades básicas del país se mantuvieron en vigilia durante todo el día.

Han matado tantas veces al peronismo y ha resucitado otras tantas, que cuesta creer que sigan utilizando las mismas estrategias para combatir a los enemigos políticos.

Está muy dilucidado que la justicia juega también un partido, y un partido distinto al de los jueces amantes de los picaditos de fútbol, partiditos de pádel o viajecitos de pesca a la Patagonia.

Adormecidos son más dóciles

Tampoco me convencen demasiado esas teorías de que a la vida hay que sufrirla y que está bien no prender la hornalla porque el gas está impagable o no salir a comer unas empanadas con tu familia porque es obligatorio ajustarse.

Esas ideas de la política como fracaso, llevan a las personas a trabajar por nada, a ser explotados y a no alcanzar de salir de una frustración para meterse en otra. Para contenerlos está la tele, alguna novela y a dormir.

La economía de nadie mejorará mañana

La cosa es que la algarabía pobló lo estados de Facebook y los tuits, la forma en que los mortales de este siglo manifiestan sus estados de ánimo.

“Bien, la chorra presa”, “al fin se hizo justicia con la chorra”, y las burlas con imágenes pedidas a la inteligencia artificial que muestra a una Cristina tras las rejas y con traje a rayas ganaron la tarde fresca en todo el país.

Desaparecer al enemigo

El antiperonismo llegó a escribir paredes el día de la muerte de Eva Perón con la inscripción “VIVA EL CÁNCER”. Había muerto una clara enemiga de la “oligarquía”, como ella misma solía decir.

Al enemigo político se lo combate con la muerte o con la proscripción. No lo escribió ni Jorge Lanata ni Mauricio Macri, lo sostuvieron pensadores de la política como Nicolás Maquiavelo o Antonio Gramsci.

El tiempo dirá cuán acertado fue el fallo que causó una conmoción política pocas veces vista en el país pero que trae recuerdos de otros acontecimientos en donde los actores sufrieron el rigor del poder.

Lo particular es que en la Argentina, los protagonistas de esos escándalos siempre militaron para ideas parecidas, nunca las ideas de quienes manejan la manija.

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