En las provincias es rarísimo que aparezcan outsiders locales. Y menos en versión iracunda o "depredadora". En el interior del país se sigue apelando a la figura partidaria y a quienes puedan demostrar actualización sin salirse del sistema. Los partidos con historia y los oficialismos locales exhiben un aceitado control en torno a las candidaturas.
En las provincias no prenden los aparatosos outsiders
En Mendoza sigue operando la instancia partidaria. Han habido terceras fuerzas que trataron de romper lo establecido, pero a esos promotores no se les puede llamar outsiders. Ninguno desdeñó la política
Antes solía darse la figura del funcionario "independiente" que era convocado por una estructura partidaria por sus conocimientos en ciertos rubros. Con ellos no se daba esa urgencia, tipo Karina Milei, de obligarlos a afiliarse. Ese "independiente" aclaraba que había coincidencias de base, pero que su rol era técnico.
Lo que sí ha habido en el caso de Mendoza son terceras fuerzas (La Unión Mendocina, Protectora, o el Partido Verde, entre otras), todas ellas de fluctuantes vidas y a cuyos conductores de ninguna manera se puede llamar outsiders ya que siempre fueron elencos secundarios pero claramente identificados con lo político.
Hoy las provincias aceptan tener a un "raro" como Javier Milei instalado en la Casa Rosada. Primero, porque fue votado mayoritariamente. Pero también porque la cumbre ejecutiva del país es la instancia institucional donde se deben realizar los cambios de raíz, como el saneamiento de la macroeconomía nacional, una misión bastante imposible que al político convencional le cuesta encarar.
Los males
En los últimos 40 años la clase política hizo varios aportes a la democracia, como el de consolidarla, pero no había logrado una solución consistente y duradera para los males recurrentes de la economía que se habían enquistado en el cuerpo político-social, con el malgasto público y la inflación como mascarones de proa.
¿Por qué un antipolítico como Milei se alzó con la Presidencia en 2023? Porque juró que iba a arreglar la economía de manera distinta a las "soluciones" que ofrecían tanto el peronismo como las visiones liberales "normales".
Dos años después, en 2025, este liberal de ultra derecha ganó la elección de medio término por haber bajado la inflación, frenado la emisión monetaria sin sustento, y puesto un coto al déficit fiscal. Sin embargo Milei es también el que, unos meses después, no logra convencer con el plan económico ni tampoco espanta la presencia de la corrupción. Y cuya gestión viene quedando pegada a la frase popular "la plata sólo me alcanza para 15 días".
En el interior del país, los gobiernos con partidos consolidados (radicales, macristas, territorialistas y peronistas no kirchneristas) han establecido diversos tipos de acuerdos con Javier Milei, pero ningún gobernador se ha entregado de pies y manos. Sin hacer demasiada alharaca, los gobernadores vienen ejerciendo una asordinada influencia sobre Milei y su entorno.
El manual
Los gobernadores han sacado a relucir manuales personales para tratar con un mandatario anarcocapitalista. Lo han hecho sin saltar la tapia hacia el palacio, porque no es necesario cohabitar ni copular, sino hacer política de acuerdo a los tiempos; que es, con más o menos luces, lo que saben hacer.
Milei ya no puede ningunear a los gobernadores como al comienzo de la gestión. Nunca los va a alabar en público, pero internamente los viene aceptando como un mal necesario. Otro tanto han hecho los jefes de provincias con él. Con habilidad han aceptado al outsider. Aunque no compartan la mayorá de su espiche austríaco, entienden el fenómeno.
Los gobernadores (incluso los peronistas no kirchneristas que leyeron rápidamente la situación) fueron astutos para obligarlo a Milei a negociar. Este conjunto de mandatarios tuvo el tino de no pactar en banda, sino cada uno a su manera. Alfredo Cornejo no trató con Milei de la misma forma que lo hizo Maximiliano Pullaro desde Santa Fe, Ignacio Torres en Chubut, o los peronistas Osvaldo Jaldo en Tucumán o Raúl Jalil en Catamarca.
Y la arena principal de lucha fue el Congreso nacional, un ámbito donde en los dos primeros años de mileísmo la fuerza propia de legisladores fue raquítica. Normas vitales como la Ley Bases no hubieran salido jamás sin el apoyo de las provincias administradas por la "casta" de radicales, referentes del PRO y peronistas alejados del kirchnerismo.
Refulgente
Antes de Javier Milei hubo "gente extraña" en la política, pero la diferencia radicó en que fueron los propios líderes partidarios los que convocaron a famosos (ajenos a la política) a sumarse a sus proyectos. Por ejemplo, Carlos Menem atrajo a figuras muy populares como Palito Ortega o Carlos Reutemann para que fueran gobernadores de Tucumán y Santa Fe, pero "el sol" que los alumbró siempre fue Menem.
Javier Milei fue un refulgente outsider porque él no venía de la política, a la que consideraba tan vomitiva como "inmundos" a sus oficiantes. Salió de la actividad privada y de la economía, con una versión ultraderechista cuyo núcleo fue y es la Escuela Austríaca. Usó y abusó de un histrionismo que cultivó como desaforado comentarista económico en los programas periodísticos de la televisión durante varios años.
¿Cómo olvidar a este personaje que mezclaba sus opiniones sobre anarcocapitalismo y paleo conservadorismo con historias personales acerca de sexo tántrico, tríos sexuales o problemas de violencia familiar? "Yo no tengo padres, tengo progenitores" fue una frase que impactó.
Todo eso lo transformó en un outsider con carnet que lo llevó, primero, a ganar una banca por CABA en el Congreso Nacional. Le bastaron dos años en ese "nido de víboras" y la debacle del cristinismo y del macrismo para alzarse con la Presidencia del país.
Así como Milei dice que es un topo que horada las entrañas del Estado politiquero para destruirlo, no sería ilógico que dijéramos que los gobernadores políticos han hecho al mismo tiempo -y sin propagarlo con altavoces- una paciente labor de topos en el corazón del mileísmo.





