Tenía 97 años, una vida atravesada por la historia, el dolor y también por la belleza de los vínculos. María Inés “Perla” Pignatelli de Zaldivar -a quien todos llamaban “Mima”- murió el 1 de abril de 2026 en Estados Unidos, país donde vivió gran parte de su vida sin perder jamás el lazo profundo con Mendoza.
Murió "Perla" Pignatelli de Zaldivar, la mujer de 97 años que llevó su historia con elegancia y carácter
Vivía en Estados Unidos, pero nunca se desprendió de Mendoza. Una historia de linaje y una vida dedicada a la familia

María Inés “Perla” Pignatelli de Zaldivar falleció a los 97 años. Era mendocina de pura cepa y radicada en Estados Unidos.
Fotos: gentilezaNacida el 21 de diciembre de 1928, Perla fue mucho más que una mujer de familia tradicional: fue una sobreviviente de tragedias tempranas, una anfitriona inolvidable, una madre que marcó a generaciones y un puente constante entre dos mundos.
Su historia comienza con un peso simbólico difícil de igualar. Por línea paterna, pertenecía a la Casa de Pignatelli, una de las siete grandes casas del Reino de Nápoles, con casi mil años de influencia en la historia europea. De ese linaje surgieron figuras como el Papa Inocencio XII y San José Pignatelli. Su padre, Alphonso Pignatelli, trajo ese legado a la Argentina, instalándose entre Buenos Aires y Mendoza, donde formó su familia junto a Carmen “Mela” Jofré.
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Su tío fue Emilio Jofré fue gobernador de Mendoza
Del lado materno, la raíz era igual de potente: descendiente directa de Juan Jufré, fundador de San Juan en 1562. Con el paso del tiempo, el apellido evolucionó a Jofré, consolidándose como uno de los más influyentes de la provincia de Mendoza. Su abuelo, Emilio Jofré, fue una figura clave del ámbito legal y social mendocino, y su tío, también llamado Emilio Jofré, llegó a ser diputado nacional y gobernador de Mendoza electo en 1966.
Pero la vida de Perla no fue solo linaje. A los 4 años, en 1932, enfrentó una tragedia que marcaría su destino. Su padre murió en un accidente automovilístico durante una competencia, junto al reconocido corredor Hugo Galanti. Ese mismo año, su hermano de apenas 7 años falleció por una gripe. Su madre, viuda y con una hija pequeña, debió reinventarse y salir adelante como profesora de dactilografía.
Fue en ese contexto donde se forjó el carácter de Perla. Creció entre la adversidad y la disciplina, entre una casa en Mendoza y veranos en Lunlunta, donde caminaba kilómetros para conseguir libros. Esa pasión por la lectura la acompañaría toda la vida.
En 1953 se casó con el doctor Raúl Zaldivar, integrándose a una de las familias médicas más prestigiosas de Mendoza. En ese entorno, la medicina y la excelencia eran moneda corriente: su cuñado, el doctor Roger Zaldivar, fue un referente en oftalmología y fundador del reconocido Instituto Zaldivar. Más tarde, su sobrino, el doctor Roberto Zaldivar, alcanzaría prestigio internacional como pionero en cirugía refractiva. Perla seguía esos logros con orgullo genuino, celebrando que Mendoza trascendiera fronteras.
En 1965 Perla se mudó a Estados Unidos
En 1965, su vida dio un giro cuando se mudó a Oak Park, en Illinois. Allí comenzó una nueva etapa, marcada por la adaptación a otra cultura sin perder nunca su esencia argentina. Era, según quienes la conocieron, una mujer de belleza llamativa, con humor filoso y una ironía encantadora sobre su vida en Estados Unidos.
Tras la muerte de su esposo en 1983, volvió a reinventarse. En 1987 se casó con Rudy Wilhelm, con quien compartió años de compañía y tranquilidad. En 1995 se instalaron en Fort Lauderdale, donde Perla desplegó una de sus facetas más recordadas: la de anfitriona. Su casa era un punto de encuentro, especialmente para sus nietos, para quienes incluso mantenía un departamento cercano.
Madre de 5 hijos -Maria Inez, Maria Lynn, Raúl, Daniel y Peter-, tenía un don que todos recuerdan con una sonrisa: hacía sentir a cada uno como su favorito. Era generosa con los demás, pero austera consigo misma, una marca indeleble de aquellos primeros años difíciles.
Conservó, además, un rasgo entrañable: sus “dichos”. Expresiones argentinas de otra época que repetía con naturalidad, como si el tiempo no hubiera pasado, como si Mendoza siguiera latiendo en cada palabra.
Una familia extensa de hijos, nietos y bisnietos
A la distancia, nunca soltó sus raíces. Fue el nexo constante con su tierra, manteniendo vínculos con familiares y amigos. Entre ellos, su amiga de toda la vida, Alicia Mayorga, con quien compartió más de 90 años de historia.
Perla deja una familia extensa: cinco hijos, hijastros, ocho nietos y siete bisnietos. Pero también deja algo más difícil de medir: una forma de estar en el mundo. La de una mujer que atravesó pérdidas devastadoras, que se adaptó a nuevas geografías, que sostuvo tradiciones y que construyó, a su manera, una identidad que mezcló elegancia, fortaleza y afecto.
Murió lejos de Mendoza, pero con Mendoza intacta en su historia. Su vida, atravesada por siglos de herencia y por decisiones profundamente personales, queda como testimonio de una generación que supo sostener el pasado sin dejar de avanzar.
Y en ese equilibrio —entre lo que fue y lo que construyó— está, quizás, el verdadero legado de “Perla”.