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Una mendocina al frente de la lucha de los inmigrantes en Estados Unidos

Enrique Pfaabpfaab.enrique@diariouno.net.ar

Ada está limpiando y ordenando. Trabaja de empleada doméstica. Por la tarde hará de niñera. “Alcanza para pagar el alquiler, el impuesto del auto, los gastos generales y vivir sin urgencias, pero no tiramos manteca al techo”, le dice a este diario, en un breve descanso que se toma para atender su teléfono.Es maestra y le gustaría trabajar de ello, pero no puede. Sus papeles no están en regla y, después de casi 15 años, todavía le teme a la deportación aunque “no estamos constantemente con ese miedo y ya sabemos que podemos hacer valer nuestros pocos derechos”.
Esta semana Ada Bermejo (50 años) sintió, quizás por primera vez en todo este tiempo, una profunda esperanza. Viajó de Florida a Washington, 170 kilómetros los peregrinó, y vio y escuchó a su compatriota, el papa Francisco. “No dijo directamente que se terminen las deportaciones, pero sí dijo: ‘Que les den las mismas oportunidades que estuvieron ustedes a los demás’. Y eso fue muy claro”, cuenta emocionada.Ada es del poblado de La Dormida, de Santa Rosa. Vivió allí, en el distrito de 12 de Octubre y finalmente en Las Heras.En 2000 su marido, que había montado un pequeño negocio de venta de comestibles y verduras, decidió irse a probar suerte a Estados Unidos. Fue un debate familiar, teniendo en cuenta que la crisis apretaba. “Eran tiempos angustiantes. No alcanzaba para vivir. No podías evitar endeudarte y, al mes siguiente, sólo tenías más deudas. Entonces pensamos que había que probar, que quizás el podía viajar, conseguir trabajo y poder pagar esas deudas y, especialmente, la casa que estábamos tratando de cancelar”.Ada trabajaba de maestra de Artes Aplicadas en la escuela José Vicente Zapata. Hoy sus hijos son grandes, Federico tiene 28, Andrea 20 y Ariel 15 pero, en ese entonces, el más chico era un bebé de pocos meses.“Un año después, a principios de diciembre de 2001, decidimos viajar nosotros también. Nos dieron una visa hasta marzo”. Ada ya no volvió. Ya no pudo volver. “Si salimos de Estados Unidos, tendríamos una prohibición de reingreso por 10 años”.Dice que han pensado en regresar muchas veces. Que todavía lo piensan. Pero “los chicos ya se han adaptado y volverlos a cambiar de país, significaría para ellos algo muy duro”. Lo que realmente les pesa es no poder hacer un viaje, cada tanto, para ver a la familia, a los amigos, a “encontrarte con la gente y quedarte conversando en la vereda”.Y cuenta: “A mí me duele cuando leo o escucho que dicen: ‘¡Si no te gusta, andate a Miami!’. Nosotros estamos aquí trabajando, esforzándonos, y lo buscamos como una alternativa de supervivencia. ¡También amamos a nuestra tierra y quisiéramos estar allá, viviendo dignamente!”.Ada y su familia llegaron a Estados Unidos en el momento más difícil. El 11 de setiembre de 2001, después del atentado a las Torres Gemelas, “todos los inmigrantes fuimos rotulados como terroristas y nuestra presencia en el país atentaba contra la seguridad nacional. Se empezó a hablar del cierre de todas las fronteras y de levantar más kilómetros de murallas”.-Y hoy, ¿cómo los tratan?-Hay diferencias. Hay gente que es muy racista con los hispanos. Hablan despectivamente de los latinos. Descalifican mucho a los mexicanos, porque ellos son la mayoría de los inmigrantes. Pero también hay gente amable, que nos trata bien e, incluso, que nos apoyan. Yo hago mi vida normal, hablo con todos en el vecindario, converso con ellos y me tratan normalmente. Pero no es el trato que hay  allá (en Argentina), donde todos hablan con todos. Acá la vida es puertas adentro, y sólo la gente tiene tiempo para trabajar y cumplir con sus obligaciones”.Dice que camina por la calle sin problemas, que la familia cumple con sus rutinas naturalmente, pero que el temor a la deportación existe. “No es que no tengamos miedo, sabemos que puede ocurrir. Diariamente nos enteramos de que un hombre fue deportado y que toda su familia quedó en Estados Unidos, que la rompieron. Pero desde hace un tiempo tratamos de ser conscientes de que tenemos derechos, pocos pero tenemos, y que podemos hacer algo”.Ada cuenta que, hace unos dos años, ella decidió iniciar una campaña virtual, para hacerle conocer al papa Francisco sobre la problemática de los inmigrantes en Estados Unidos e intentar que fijara alguna postura al respecto. “Mis padres tuvieron la idea de hacerle una carta virtual. Yo pensé: ¿Por qué el Papa se va a meter en estos temas políticos? Pero la hice. Fue una petición on line, que se mantiene allí y que sigue sumando adhesiones”.Cuenta que hace ya un tiempo, hicieron un misa manifestando el deseo de encontrarse con el Papa y en marzo, como si se hubiera escuchado su pedido, el Santo Padre anunció su viaje a Estados Unidos. “Por fin, la posibilidad era algo concreto”.Ada subió su iniciativa a la plataforma Change.org, para que Francisco hable del tema en el Congreso estadounidense.La santarrosina comenzó a  juntarse con otras mujeres latinas y crearon Dreamer’s Moms, que se transformó en una red que se fue extendiendo por todo el país. Parte de los 11 millones de inmigrantes indocumentados se fueron sumando a ella.Para ese tiempo también Barak Obama creó la iniciativa de Acción Diferida, que beneficia a los hijos de inmigrantes. Con esa ley los hijos de Ada y tantísimos otros, pueden estudiar y trabajar legalmente.En las semanas previas a la visita papal, la agrupación que integra Ada fue invitada a una movida más amplia aún, la de la Alianza Nacional de Trabajadoras Domésticas. El plan fue hacer una peregrinación para estar junto al Papa. Además lograron que se les entregaran tickets para poder estar en la Casa Blanca y en el Capitolio.Así Ada y 150 mujeres más, caminaron desde la capital de Maryland hasta Washington. Más de 160 kilómetros. “Fueron tres días. Una experiencia muy linda, muy profunda”, dice. “El mismo día, en el mismo momento que llegaba Francisco a Estados Unidos, nosotras estábamos haciendo una vigilia, rezando, pidiendo compasión, igualdad y dignidad”.Después, vino lo tan esperado. Primero Ada vio al Papa en la Casa Blanca y luego en el Capitolio. “No estuve cerca, pero lo vi, lo escuché y recibimos su bendición. El Papa siempre ha dicho: ‘Yo soy hijo de inmigrante, todos somos inmigrantes’. Me llenó de emoción tenerlo tan cerca”.Para Ada y los inmigrantes, la clave de la visita de Francisco estaba en el Capitolio. De allí puede salir la solución o mantenerse la postergación.“No se los dijo directamente, pero creo que los hizo reflexionar. En Estados Unidos hay 7 millones de católicos y en el Congreso algunos lo son y, más allá de eso, nadie niega la importancia política y mundial que tiene. Les dijo: ‘Que les den las mismas oportunidades que estuvieron ustedes a los demás’”.Horas después de terminada la entrevista con Ada, ella mandó a este medio un mensaje emocionada: “¡Renunció John Boehner! ¡Sin dar explicaciones, deja su puesto! ¡Papa Milagro!”.Según Ada, el republicano Boehner, era uno de los congresistas “duros” que se oponían a modificar las políticas sobre los inmigrantes.A pesar de ser católico, gestor de la visita del Papa a Estados Unidos y quien lloró emocionado a su lado, cuando Francisco le hablaba a la multitud reunida en Washington, era un escollo para el objetivo de los indocumentados y su renuncia fue un claro síntoma del impacto que generó el Papa.

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