En el lago Chungará, en Arica (Chile), a 4.500 metros de altitud, flamencos y taguas gigantes se posan sobre envases plásticos, anidan en bolsas y luchan por sobrevivir a los agrestes parajes del altiplano andino, esquivo a albergar vida y hoy contaminado por la presencia del hombre.En la frontera entre Chile y Bolivia, el lago Chungará, que reposa tranquilo bajo el volcán Parinacota, acoge a más de 130 especies nativas y, debido a su cercanía con la principal carretera que une a ambos países, se ha convertido en un paradisiaco nicho de botellas, neumáticos y desechos orgánicos.
Un paraíso en las alturas convertido en vertedero
