Rami Basisah es uno de los cientos de refugiados sirios que están en la frontera entre Macedonia y Grecia, en un campo de inmigrantes improvisado al lado de las vías del tren. Es un joven de 24 años que igual que sus pares busca una nueva oportunidad, un futuro mejor. Y para no estar solo, lo acompaña el mejor aliado para él en este momento: un violín.Ese ese violín el que saca con timidez de su funda y comienza a afinar. Frente a él, unos 600 refugiados tratan de pasar las horas como pueden, aguardando el tren que los saque de allí y los lleve a una nueva escala en su viaje a la “tierra prometida”, cuenta el diario The Chronikler.
Un "Himno a la Alegría" entre los refugiados
