Por Natalia Sosa Abagianossosa.natalia@diariouno.net.ar
Un griego que se las trae. Su partido, Syriza, triunfó el domingo en las urnas y su plan de gobierno hace temblar a los países de la Eurozona. Muchos temen el “efecto contagio”, especialmente en España, donde la crisis económica y los
Todas las miradas apuntan al ultraizquierdista Alexis Tsipras
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El histórico triunfo del líder del partido de izquierda radical Alexis Tsipras ha puesto la mirada de muchos sobre Grecia a pesar de que la noticia haya sido eclipsada por la trágica muerte del fiscal federal Alberto Nisman. Incluso, pocos medios nacionales mencionaron que su nuevo gabinete está integrado por el argentino Costas Isijos, una situación para nada habitual en un parlamento europeo. Y no es nada más y nada menos que uno de los fundadores de Syriza, el partido que lo vio nacer.
El joven político griego, de tan sólo 40 años, ha roto con todos los cánones previstos por la troika formada por la Comisión Europea (CE), el Banco Central Europeo (BCE) y el Fondo Monetario Internacional (FMI). De hecho, su plan de gobierno impacta directamente contra los duros ajustes impuestos desde afuera, que dejaron a la mayoría de los helenos al borde del abismo económico. La propia canciller alemana Angela Merkel se ha encargado de marcarle la cancha a minutos de ganar en las urnas el domingo pasado (se quedó con 149 escaños en el Parlamento de 300 diputados). “Esperamos que respete los compromisos asumidos por las gestiones precedentes”, dijo en alusión a los dos rescates financieros que han dejado atada a Grecia hasta el 2057. Alemania es su principal acreedor, con 60.000 millones de euros por cobrar, seguido de Francia con 40.000 millones.
Los más perjudicados por los recortes de la Eurozona han sido los jóvenes griegos, sobre todo los universitarios y recién recibidos que no logran conseguir trabajo desde hace varios años. Muchos han tenido que regresar a sus hogares, después de capacitarse en Italia, España o Inglaterra, y siguen dependiendo de sus padres como cuando eran estudiantes.
La pregunta que se hacen muchos es cómo Tsipras logrará implementar sus promesas de campaña en un contexto marcado profundamente por la crisis europea de los últimos cuatro años.
A pesar de que algunos políticos locales ven con buenos ojos las medidas anunciadas por el izquierdista, son pocos los que tienen esperanzas de que logren plasmarse al pie de la letra. Y más las que se refieren a la incorporación de los empleados estatales que fueron despedidos o el otorgamiento de subsidios de todo tipo para las clases sociales más golpeadas.
Su equipo económico apunta a atraer inversores internacionales y creen que así se podrá profundizar cada iniciativa. Aún no hablan de porcentaje de quita de deuda –equivalente al 177% del PBI del país– pero la dan por hecho. Y adelantaron que la negociación no será con el FMI ni con el Banco Central Europeo sino con los países acreedores.
Se pretende frenar los despidos en el Estado, lanzar un bono para la compra de comida para los más pobres, un aguinaldo extra para los jubilados que cobran menos de 700 euros por mes, un plan para crear 200.000 puestos de trabajo con obra pública, combustible más barato para consumo doméstico, aumento del salario mínimo, entre otras cosas.
Por lo visto esta coalición de ultraizquierda ha ganado para torcerle el rumbo a Grecia. Y parece que Tsipras está dispuesto a todo ya que no dudó en pactar con la derecha para sumar poder en el Gobierno, algo impensado en estas tierras mendocinas.