Después de muchas discusiones y retrasos, las autoridades francesas sepultaron ayer en el cementerio islámico de Cornebarrieu, en los suburbios de Toulouse los restos de Mohamed Merah, el joven yihadista que asesinó a siete personas en Toulouse y Montauban y murió acribillado el jueves pasado por fuerzas especiales de la policía. Argelia se negó ayer en el último minuto y citando problemas de seguridad, a recibir el cadáver para que fuera enterrado allí, tal y como deseaba el padre de Merah, que reside en el país.
El alcalde de Toulouse, Pierre Cohen, solicitó 24 horas de reflexión y pedido al Estado que encontrara otra opción, ya que no era “oportuno” que el joven asesino fuese enterrado en la ciudad donde mató a sus víctimas.
Al entierro han asistido unas 30 personas allegadas al joven extremista, en una ceremonia que se celebró en medio de un gran despliegue policial. Las autoridades argelinas justificaron su negativa a aceptar el cuerpo de Merah invocando “razones de seguridad”, según ha informado Abdalldah Zekri, miembro del Consejo Musulmán de Francia.
La familia había planeado que el funeral se celebrara en un pueblo de la provincia de Medea, situado unos 80 kilómetros al sur de Argel. Pero fuentes gubernamentales confirmaron a Reuters que no autorizaban la llegada del cadáver al país. El miedo a que la tumba de Mohamed Merah pueda convertirse en un lugar de peregrinación de yihadistas parece latir tras la decisión. La comunidad judía de Toulouse, que perdió a cuatro de sus miembros (tres de ellos niños) en el tercer atentado de Mohamed Merah, no ha hecho comentarios.