Los doctores diagnosticaron a Jade Nock, de 25 años, como anoréxica cuando empezó a quejarse de su incapacidad de mantener cualquier alimento sólido en su estómago, provocando que su peso se fuera en picada, llegando a pesar 98 libras (44,5 kilogramos). Después de un año de alimentarse a través de un tubo, Nock, quien proviene de Walsham le Willows, una comunidad en Inglaterra, fue diagnosticada con gástrica arritmia, una condición física que provocaba que su estómago automáticamente expulsara cualquier comida que ella tragara. Luego del diagnóstico, los doctores pudieron curar su condición con bótox. La historia de su enfermedad y recuperación en fotos.
A diferencia de lo que la mayoría de las personas piensan acerca del bótox, en este caso no se usó para rejuvenecer la piel eliminando las arrugas.
Se curó de su anorexia con bótox

A diferencia de lo que la mayoría de las personas piensan acerca del bótox, en este caso no se usó para rejuvenecer la piel eliminando las arrugas. Los doctores le administraron a Jade Nock inyecciones de bótox dos veces al día para congelar el tejiido de su estómago, permitiéndole digerir alimientos sólidos nuevamente.
Jade Nock empezó a sentirse enferma de repente una noche que había salido con sus amigos en Lóndres. "Regresé a casa pensando que tenía un virus estomacal. Mi madre Ali me dio una tostada y té, y lo vomitéí todo. No podía ni mantener el agua en mi estómago".
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Después de varios días enferma, la madre de Nock la llevó al hospital. Allí la hidrataron para que recuperara el líquido de su cuerpo, y luego le dieron de alta. Los médicos le aseguraron que se trataba de un simple virus estomacal. Sin embargo, la enfermedad no se detuvo, hasta el punto en que Jade empezó a perder peso de una manera drástica.
En tres semanas Jade Nock había perdido 42 libras, así que regresó al hospital. "El doctor se sentó en la cama y me dijo que tenía anorexia y que mi incapacidad de retener la comida tenía más raíces psicológicas que físicas. Yo estaba impresionada, y de alguna manera sabía que esto no sólo estaba en mi cabeza, que había algo más".
Los doctores enviaron a Nock de vuelta a casa bajo observación, pero tuvo que regresar al hospital donde le colocaron un tubo para poder alimentarla. "Incluso trataron con medicación antipsicótica. Empecé a pensar que realmente todo era producto de mi mente".
El siguiente verano, los doctores preocupados por la depresión de Nock la remitieron al hospital Addenbrooke en Cambridge. Allí le suministraron una comida hecha de huevos revueltos trenzados con un rastreador radioactivo para monitorear el paso de la comida a través de su cuerpo.
Posteriormente, una cita con un especialista del Royal Free Hospital, en Londres, confirmó que Jade Nock padecía de arritmia gástrica, una condición que interrumpe la habilidad del estómago para matener y procesar comida y líquidos.
Luego de descubrir la condición de Nock, los médicos ofrecieron dos opciones: usar inyecciones de bótox o colocar una especie de marcapasos para el estómago. El plan era probar primero el bótox a ver qué pasaba. Así que le fue suministrada la primera inyección a través de una aguja colocada en una cámara introducida por su garganta.
"Tomó varios días, pero funcionó. Fue asombroso y pude comer mi primera comida sólida: puré de papas con queso", comentó Nock a Grosby Group. La paciente recuperó su peso normal y debe recibir inyecciones de bótox cada seis meses para evitar que la condición regrese.
Ahora Nock no puede comer nada muy pesado o grasoso, tampoco puede abusar de las cantidades. "Había escuchado que el bótox se podía usar médicamente para curar ciertas condiciones de la vejiga, pero nunca el estómago. La mayoría de la gente cree que este tratamiento es sólo para propósitos cosméticos".
Fuente: Yahoo Noticias