Rocío notó algo raro en el comportamiento de las chicas y se pensó que irían a abandonar algún animal. Mientras se escribía por WhatsApp con su hermana Alba, vigiló a las muchachas, que "no paraban de mirar si me iba". Por eso se alejó un poco "pero sin perderlas de vista".
Llegó un momento en el que una se quedó controlando el paso de la gente y la otra, la que parecía mayor, entró en la choza después de dar una vuelta a la casa, a la que llegó después de caminar varias decenas de metros por un barbecho.
"Las vi salir y marcharse sólo con la bolsa ya vacía. Entré en la casa y no oí nada. Hasta que miré hacia abajo y vi una manta gris tapando la caja; la quité, me asomé, metí la mano y vi que era la cabeza de un bebé", relata.
Escribió a su hermana para decirle que no era un perro, "sino un bebé". Comprobó que el niño estaba vivo y "me salió la parte sanitaria". Llamó al teléfono de emergencias 112 pero, con los nervios, no se identificó como sanitaria. "Para ser profesional, que mal lo hice", se lamenta entre risas una joven mujer que, por su profesión como técnico de emergencias sanitarias, ha estado en escenarios peores.
"Tomé al bebé, le di el calor que podía y tenía; y me llenó enterita con el meconio de la primera caquita mientras estaba pensando en todos los protocolos de neonatos", sonríe. "Llamé a mi pareja para que fuera a por los perros y salí fuera del barbecho con el bebé en los brazos para que me vieran".
Ya sabe que está descartado que al niño lo llamen Rocío, pero ella prefiere no proponer ningún nombre: "Que la familia que lo acoja le ponga el que más le guste". Y también que le cuenten que gracias a una joven volvió a nacer.
Fuente: ABC