¿Por qué nos hacen pasar por esto?", se preguntó Ahmed, tras permanecer varias horas retenido junto a su familia en uno de los colectivos que diariamente transportan a cientos de refugiados hacia los campamentos de detención de Roszke, un pueblo húngaro junto a la frontera con Serbia.Llovizna, hace frío, los vidrios de los colectivos están empañados. Cientos de refugiados que cruzaron por la mañana la frontera entre Hungría y Serbia esperan, atrapados como animales y adormecidos por el cansancio, para ingresar en un campamento de detención que parece una jaula coronada de alambres de púas.
"Nos quieren encerrar como animales"
