El diseñador de moda italiano Giorgio Armani acaba de cumplir 80 años, toda una vida dedicada a las pasarelas, sobre las que ha colocado la sobriedad y la elegancia como su principal sello distintivo.
El modisto milanés Giorgio Armani cumplió años la semana pasada, hecho que fue celebrado en todo el mundo. Vistió a las celebridades más grandes.
Los 80 años el diseñador más sobrio de las pasarelas

Trajes, complementos, perfumes, cosméticos, gafas o relojes llevan el sello de Armani pero también restaurantes o incluso una cadena de hoteles que se estrenó en 2010 en Dubai (Emiratos Árabes) y que es el último gran proyecto del modisto nacido en Piacenza (norte de Italia).
En las últimas décadas Armani ha demostrado que no sólo sabe vestir al hombre y a la mujer sino también dirigir con éxito su imponente imperio, en especial desde 1985, cuando el hombre de negocios y la otra mitad de la firma, Sergio Galeotti, falleció.
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Con él había fundado diez años antes su firma, Giorgio Armani, tras presentar con éxito su primera colección en una cafetería milanesa.
Armani nació el 11 de julio de 1934, siendo el mediano de tres hermanos y en el seno de una familia relativamente acomodada que, sin embargo, pasó sus apuros durante la II Guerra Mundial.
“El cine de Milán era un refugio, un palacio de los sueños, y las estrellas de las películas eran tan glamorosas. Me enamoré de la belleza idealizada de las estrellas de Hollywood”, le dijo a la revista Harper’s Bazaar en 2009.
El pequeño Armani probablemente ni soñaba por aquel entonces en convertirse en el diseñador fetiche de estrellas como Michelle Pfeiffer, Jodie Foster, John Travolta o, más recientemente, Lady Gaga.
El cine también le valió para abrirle las puertas de los Estados Unidos, donde consiguió notoriedad gracias a la película Gigoló americano (1980) en la que vistió a Richard Gere.
Posteriormente, también se encargaría del vestuario de otros largometrajes como Los intocables (1987) o Sintonía de amor (1993).
Volviendo a sus primeros años, la fascinación por la anatomía y las formas del cuerpo humano del joven Armani le llevaron a matricularse en Medicina, carrera que abandonó tan sólo dos años después para dedicarse a su verdadera pasión: la moda.
Armani comenzó en el oficio desde la base. Así, con 23 años, se empleó como dependiente en Milán en los grandes almacenes La Rinascente, donde trabajó durante siete años.
Dejaría este trabajo para entrar, ahora sí como diseñador, en la firma Nino Cerrutti, en la que permaneció mientras trabajaba al mismo tiempo como modisto independiente, ayudado y apoyado por su amigo incondicional y el que sería poco después su socio Sergio Galleotti.
“Mi visión estaba clara: yo quería apartar todos los artificios en el vestir. Yo creía en los colores neutros”, contó una vez.
Los diseños de Armani, de hecho, se caracterizan por su sencillez a pesar de tratarse de alta costura, una simplicidad entendida como sobriedad y naturalidad, pero sin restar un ápice de elegancia.
Así lo demostró la firma en la presentación del mes pasado, en Milán de la nueva colección para hombre de Emporio Armani (la línea juvenil de la firma) para la próxima temporada primavera-verano.
En ella, el blanco y el negro predominan en diseños ceñidos al cuerpo masculino que resalta una vez más la combinación entre naturalidad y buen gusto.
Una casa fundada en 1975 y que logró un éxito meteórico llegando su época dorada en los años ’80, gracias a su apertura al gran público pero sin perder la distinción requerida en la alta costura.
“Yo diseño para la gente real. Pienso en nuestros compradores todo el tiempo. No hay virtud ninguna en crear ropas o accesorios que no son prácticos”, agregó una conferencia.
Mesurado, discreto y pragmático, el ya octogenario Armani continúa al frente de su gran imperio, cuya nueva cadena hotelera supone su desafío más inmediato.
Entre tanto, sigue dando lecciones de moda, como hizo con el primer ministro italiano Matteo Renzi, a quien aconsejó el 23 de junio incluir “una corbata en su vestuario” para dar una mejor imagen de sí mismo.