Habitantes de un mundo en blanco y negro, los vaporosos maniquíes de Kazuki Takamatsu parecen 100% digitales, pero en realidad demuestran la destreza del japonés con el pincel. Con la superposición de un gran número de capas casi transparentes de gouache y acrílicos, crea exquisitos degradados, sombras de diferentes tonos de gris que sin embargo realzan el volúmen de las figuras hasta darles la apariencia perfecta del acabado digital.Autor de un universo flotante e íntimo de personajes femeninos, mitad mujer y mitad muñeca, el artista busca los matices entre el blanco y el negro, que para él simbolizan los extremos, la bondad y la maldad. Las criaturas fantasmales concuerdan con el prototipo de chica japonesa, un ideal que muchas de ellas tratan de imitar en los gestos, el modo de vestir, las modas.
A pesar del aspecto digital de las obras, el autor sólo utiliza gouache y acrílicos, con los que crea exquisitos degradados de gris.
Las muñecas fantasmales de Japón
