"VENDEMOS MUÑECOS DEL PAPA", proclamaba un cartel sostenido por un trabajador de 7-Eleven en la calle 42 de Manhattan, dirigiendo a los clientes hacia una tienda más abajo. Allí, en un escaparate se veían seis muñecos blandos con la imagen del papa colocados entre improbables compañeros: unos croissants y unas magdalenas con trozos de chocolate.Los empleados insistían en que las figuras -por 19,99 dólares más impuestos, y con un centenar vendido hasta entonces- no eran comestibles.
"Hay gorrito, vincha y bandera..." los recuerdos del papa
