En lugar de frescos de la Virgen, hay anuncios de lentes en oferta, y en vez de oler a mirra, huele a palomitas: los domingos, en los centros comerciales de Colombia hay misa, una estrategia de la Iglesia para llegar a fieles cada vez más esquivos.“Dios puede estar en una cárcel, en una playa o en un centro comercial”, dice Diego Cataño, de 30 años que, el Día de Todos los Santos, se confesó entre una cafetería con vasos de cartón y el multicine del Bulevar Niza, en el oeste de Bogotá.
El templo del consumo. Es una manera que tienen las religiones de captar a fieles cada vez más esquivos. Las confesiones son en los cafés.
En Colombia, la misa se celebra en los shoppings
