Todo tiene precio. La decisión de abandonar la Unión Europea pasará factura al Reino Unido a partir de 2017: un crecimiento menor de lo esperado se traducirá en un endeudamiento adicional de 122.000 millones de libras.
La primera ministra inglesa, Theresa May, prometió ayudar a los que no llegan a fin de mes para frenar el descontento social que adivinó tras el , pero sus primeros presupuestos, no van más allá de un par de guiños. La culpa la tiene en gran parte la incertidumbre que rodea a la salida de la Unión Europea, que minará las inversiones y el consumo, y empezará a sentirse de lleno en 2017, con un recorte de la previsión de crecimiento del 2,2% al 1,4%, anunció el ministro de Finanzas, Philip Hammond.
El ministro redujo también las previsiones de crecimiento de los tres años siguientes: al 1,7% en 2018 y al 2,1% en 2019 y 2020. Además, el país tendrá que endeudarse 216.300 millones de libras en cinco años, en vez de los 94.300 que calculaba en marzo .
Llegar a fin de mes
Hammond introdujo varios "edulcorantes", en palabras de la prensa británica, para quienes llegan muy apurados a fin de mes.
Los dos más notables fueron la subida del salario mínimo del 4% y la eliminación de las comisiones a agentes inmobiliarios en contratos de alquiler, dos medidas cuyo costo recaerá en las empresas privadas y que, en el caso de la segunda, hundió a las firmas inmobiliarias en la bolsa. El salario mínimo aumentará de 7,2 a 7,5 libras la hora (8,8 euros) a partir de abril de 2017. Es el segundo incremento este año, porque a finales de marzo pasó de 6,70 libras a 7,20 libras.
El gobierno dedicará una partida de 1.400 millones de libras (11.640 de euros), para ayudar a la construcción de 40.000 nuevas viviendas, y de 1.300 millones de libras para mejorar las infraestructuras, concretamente las rutas.
