Familias de bajos recursos y adultos mayores acudieron este viernes a los bancos de alimentos en Florida, temiendo quedarse sin los vales de ayuda del programa SNAP, suspendidos por el cierre del Gobierno de Estados Unidos, informó la agencia EFE.
“Hay mucha angustia y tristeza”, contó Paco Vélez, presidente del banco Feeding South Florida (FSF). La organización ve duplicada la cantidad de personas que llegan en busca de comidas básicas desde que comenzó la crisis.
Más de 42 millones de personas, entre ellas 10 millones de latinos, dependen del SNAP. En el condado de Broward, al norte de Miami, decenas de familias hacen fila en silencio para recibir alimentos mientras no saben si el beneficio continuará este sábado.
Vélez explicó que antes del cierre federal asistían a unas 80 personas por día, pero ahora llegan más de 150. En Miami-Dade, el 25 % de los hogares podría quedar sin asistencia directa si el programa se detiene.
Bancos de alimentos desbordados en Miami, Florida. Instalaciones del Banco de Alimentos de Alameda, en California, Estados Unidos. Crédito: EFE/EPA/JOHN G. MABANGLO.
Comidas solidarias y ayuda a los mayores
El FSF también distribuye comida a domicilio a más de 700 adultos mayores que no pueden movilizarse. “Las personas mayores y las familias con chicos son las más golpeadas”, señaló Vélez.
La alcaldesa Daniella Levine Cava advirtió que la suspensión del SNAP dejaría sin fondos unos 6 millones de dólares destinados a programas sociales en Florida.
Para acceder a la ayuda del FSF, se requiere documentación, empleo y bajos ingresos, aunque el banco alimentario asiste a cualquier persona en necesidad.
Esperanza judicial en Estados Unidos
Un juez federal ordenó usar fondos de emergencia para financiar los cupones de alimentos, pero la medida podría demorar. Mientras tanto, algunos estados evalúan destinar recursos propios para cubrir el vacío.
Desde el Center for American Progress, Laura Rodríguez criticó que la decisión de no usar fondos federales “es un juego político que afecta directamente a la gente”.
Beatriz, una inmigrante española residente en Miami, pidió a los congresistas: “Que se pongan de acuerdo y piensen en el pueblo. Todos merecemos tener comida en la mesa”.




