En Corea del Sur se debate una propuesta legislativa para implementar un dividendo ciudadano financiado mediante las ganancias de la inteligencia artificial( IA) lo que ha generado cierta incertidumbre en los mercados. Esta iniciativa busca mitigar el impacto del desplazamiento laboral y asegurar que los beneficios de la innovación tecnológica se distribuyan de manera equitativa.
Corea del Sur analiza un impuesto al uso de la Inteligencia Artificial para financiar un ingreso universal
Un proyecto legislativo propone gravar beneficios de la tecnología para distribuir dividendos directos a la población frente al avance de la automatización
El avance acelerado de la tecnología ha generado debates globales sobre la sostenibilidad del empleo tradicional. En Corea del Sur, uno de los países con mayor densidad de robots por habitante, la preocupación por la automatización es un eje central de la agenda pública. La propuesta del bloque progresista sugiere que, ante el aumento de la productividad corporativa gracias a los algoritmos, el Estado debe intervenir para captar parte de esa renta.
Los expertos señalan que el sector de los semiconductores y el desarrollo de software serían los más afectados por esta carga impositiva. Sin embargo, los defensores de la medida argumentan que un impuesto a la IA no es un castigo a la innovación, sino una herramienta necesaria de justicia social para evitar que la riqueza se concentre en un puñado de gigantes tecnológicos.
El esquema planteado por Lee Jae-myung, líder opositor, consiste en crear un fondo alimentado por impuestos específicos a las empresas que utilicen inteligencia artificial. Estos recursos se redistribuirían directamente a los ciudadanos, funcionando como una suerte de ingreso básico que sostenga el consumo interno. Corea del Sur se convertiría así en el primer laboratorio a gran escala de esta política económica disruptiva.
Inteligencia Artificial, empleo y tecnología
Los analistas de mercado han reaccionado con cautela ante la posibilidad de que esta normativa afecte la competitividad de firmas como Samsung o SK Hynix. A pesar de las críticas del sector empresarial, la idea de un gravamen a la IA ha ganado tracción entre los votantes jóvenes, quienes ven con incertidumbre su futuro en un mundo dominado por procesos automatizados y modelos de lenguaje masivos.
Para que este proyecto se convierta en ley, deberá superar la resistencia del actual gobierno conservador y de los grupos industriales que consideran que un impuesto a la inteligencia artificial podría frenar las inversiones extranjeras. La discusión parlamentaria se centrará en definir qué porcentaje de las ganancias netas de la tecnología será destinado al fondo común y cómo se medirá exactamente el valor generado por las máquinas.
A nivel internacional, organismos como el FMI han advertido que el 40% de los empleos globales podrían verse alterados por la IA. En este contexto, la experiencia surcoreana es observada de cerca por otras potencias tecnológicas. La resolución de este debate definirá si la inteligencia artificial será un motor de desigualdad creciente o el sustento de un nuevo contrato social basado en la redistribución de la eficiencia tecnológica.
La implementación de este sistema requeriría una infraestructura de datos robusta para rastrear el uso de herramientas inteligentes en la cadena de producción. Mientras el debate continúa, los ciudadanos surcoreanos esperan definiciones sobre cómo el Estado equilibrará el fomento a la industria con la protección del bienestar general frente a la inminente cuarta revolución industrial. El desafío no es solo técnico, sino profundamente político y social para el futuro de la región.





