Por Nacho Rodriguez
@NachoRodriguezJ
Casi un año después de la elección del argentino Jorge Mario Bergoglio como Papa, Francisco tiene una aceptación cercana al 90% entre los argentinos y todos ellos dicen “creer mucho” en él, el hombre que sorpresivamente –de un día para el otro- entró a la página grande de la historia de nuestro país.
A pesar de lo que dijeron algunos detractores cuando se supo de su papado, no fue un sacerdote cercano a la dictadura genocida del ’76. Sí que actuó con el temor que cundía en la época. Quien osaba desafiar la autoridad militar asesina era hombre muerto. Su silencio aun en tiempos de Democracia, teniendo bajo su órbita archivos y documentos que colaborarían con la verdad, es también una deuda que se llevó al Vaticano y quizá nunca pague. Es una nueva etapa en su vida, en la de su responsabilidad y en la del país.
También es un católico ortodoxo, nadie pretendía a ‘los católicos’ contentos por la ampliación del derecho civil del matrimonio a personas del mismo sexo en Argentina hace unos años pero utilizar la figura y la simbología de “el diablo contra Dios” en su momento fue excesiva. Eso le granjeó enemigos.
Recuerdo que cuando lo escuché decir apenas asumió "quiero una Iglesia para los pobres" pensé que si esa simple y sencilla oración se convierte en acción, Francisco le podría disputar al ‘Che’ Guevara el lugar del gran Revolucionario argentino.
El Vaticano es también una institución política, un Estado. No todo es mágico y lindo. Él muestra las sonrisas desde el balcón y su simpatía en el Papa móvil pero no le debe estar siendo nada fácil desanudar los muchos escándalos sexuales, financieros y de inteligencia que envuelven a ese Estado y a sus integrantes más encumbrados a quienes ha limpiado eficientemente. Francisco acaba de crear el cargo de Ministro de Economía, un ejemplo claro de las cosas a las que le da importancia en una institución rica en bienes y dinero.
Francisco habla simple y sin eufemismos, osa acercarse a los fieles que piden tocarlo, se acerca peligrosamente y los besa, los abraza. En 2013 Bergoglio agarró un Vaticano en llamas. Apenas asumió tomó fuerte el mando del Vaticano y le hizo saber a quienes habían encubierto la pedofilia que se mantuvieran alejados de la Iglesia que conduce.
Cuando recibió a la presidenta Cristina Fernández en la semana que asumió como Papa, Francisco se permitió una humorada para el cuadrito: "creo q me eligieron a mí porque no tenían otro", dijo. Ambos rieron.
El Papa es matero, cuervo, tanguero, peronista y nacido en Flores, un mítico barrio porteño y, como en el truco, Francisco le ganó de mano a Máxima Zorreguieta por unos días y fue hace casi un año el primer argentino coronado monarca y gobernante de otro país en la historia.
