Seguramente te ha pasado que tienes una presentación importante y, justo ese día, la computadora no funciona o el auto no te arranca. Es ley de vida. Lo que la mente cree que puede pasar es lo que pasará y tiene un nombre: Ley de Murphy.
La ley de vida más poderosa del mundo: cuanto más temes que algo suceda, más probable es que suceda
La Ley de Murphy aunque no tiene base científica, se trata de un principio básico de la vida donde si algo malo puede ocurrir, ocurrirá

Cuando evitas a toda costa una situación incómoda y terminas de frente con ella o cuando crees que has tenido un mal día y termina ocurriendo algo peor, en realidad no es solo mala suerte; para muchos, se trata de la Ley de Murphy en carne propia. Un principio que parece regir los imprevistos de nuestra existencia en este breve paso por la vida.
¿Qué es la Ley de Murphy y cómo nos afecta?
¿Te ha pasado que alguna vez estuviste muy apurado y justo ese día parece ir todo muy lento, o cuando hay fila en el supermercado, la otra caja va más rápido y cuando te cambias se frena? ¿Cansado/a de esperar el colectivo, decidiste prender un cigarrillo y en la primera pitada el colectivo viene? Esto tiene un nombre. Se llama la Ley de Murphy.
Muchos creen que es una ley pesimista inventada por Edward Murphy Jr. en 1949. El hombre trabajaba en las fuerzas aéreas estadounidenses probando la tolerancia humana a la fuerza g en vuelos de alta velocidad y, cansado de renegar con sus asistentes en los experimentos, surge la frase "si algo puede salir mal, saldrá mal".
No todos la entienden como tal. A grandes rasgos plantea que si algo puede salir mal, va a salir mal. Es decir, si la tostada se te tiene que caer del lado de la mermelada y el queso, terminará cayendo por ese lado.
Sin embargo, ese no es el verdadero sentido que propone esa Ley. No es pesimismo, aunque se cree que sí. Es, en realidad, una advertencia útil para que estés preparando los posibles fallos antes de que ocurran.
Es una regla no oficial que resume en la simpleza la inevitabilidad de los eventos. A veces usada para aceptar la imprevisibilidad de la vida misma, nos hace ser menos rígidos y más abiertos a lo que la vida tiene para ofrecernos.
Nos hace pensar que aunque nuestra mente quiera anticiparse a los eventos, el flujo de la vida sigue su curso. Por eso la aceptación y la serenidad ante lo que está por venir son fundamentales.
A veces nos aferramos a la incertidumbre por el miedo de lo que podría ser, pero la Ley de Murphy recuerda que lo que está destinado a suceder, lo hará, sin importar cuánto miedo nos dé.
Esta verdad nos invita a confiar en el flujo natural que lleva la vida y a tener esa pizca de paz de que, a pesar de lo que pueda venir, todo tiene un propósito. Lo que está destinado a ocurrir, ocurrirá, y lo que no, no lo hará.