La felicidad es una palabra y un sentimiento más buscado y explicado en la historia de la humanidad. Por eso, la filosofía de Kant revela el secreto para alcanzarla. Según él, la felicidad no es un placer continuo, sino el resultado de una vida guiada por la razón y orientada hacia un propósito basado en tres principios o reglas básicas.
Immanuel Kant es uno de los filósofos más influyentes de la historia de la filosofía occidental. Sus pensamientos sirvieron de ayuda en miles de disciplinas, es un hombre muy valorado, pero una de sus mejores apreciaciones viene bajo la manga de la felicidad.
Hacer, desear y amar: las tres reglas básicas de la filosofía de Kant para alcanzar la felicidad en esta vida
Kant cree que es tu deber mantenerte vivo, pero lograr la felicidad también es un deber porque la falta de ella podría tentarte a actuar por interés propio en lugar de por deber.
Hoy en día, en que las personas viven con depresión, angustia, ansiedad, estrés, problemas económicos, pensamientos sobre lo que pasará, esa forma de vivir se debe en parte al nuevo mundo en el que vivimos, marcado por la hiperconectividad y la sobreestimulación; la forma de ver la vida que tenía Kant y la postulación de su frase célebre nos harán replantearnos muchas cosas sobre nuestro paso por la Tierra.
Su pensamiento, que es clave en la filosofía, nos dice: «Las reglas de la felicidad son tres: algo que hacer, algo que amar y algo que desear». De esta forma, la existencia humana alcanza plenitud cuando las capacidades del individuo se desarrollan con base en esos tres aspectos: de forma libre, consciente y con dirección.
En realidad, no es que plantee la felicidad como un estado perfecto, mucho menos como un estado permanente de euforia ni de completitud, sino como un equilibrio que tiene que ser dinámico entre estas tres dimensiones, pero en vida, en el aquí y el ahora. Nunca seremos felices si vivimos pensando en la falta, en lo que no hicimos, en la pareja que nos dejó de amar, en ese familiar que perdimos, porque nunca hay felicidad sin una falta; sería imposible.
Es por esta razón que nuestro camino en vida tiene que basarse en siempre estar ocupados haciendo cosas que nos apasionen y que nos mejoren como humanos al lado de personas y cosas que amemos y nos inspiren a ser mejores, no sin antes tener una meta que deseemos y que sea nuestro farol de lucha ante cualquier caída en la que la felicidad no se encuentre.
Sin embargo, es clave que estos principios no dominen en exceso porque si no, el conjunto se desestabiliza: la acción sin vínculos puede hacer sentir un vacío, el amor sin propósito desorienta y el deseo sin equilibrio genera frustración.



