Un interno de la cárcel de Almafuerte fue condenado a 7 años de prisión por extorsión bajo engaño de secuestro a cinco víctimas, vía telefónica, desde la prisión.

Una sexta persona logró desactivar el ardid, lo que derivó en la caída del delincuente.

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Las víctimas fueron extorsionadas por teléfono.

Las víctimas fueron extorsionadas por teléfono.

A todos los perjudicados, en su mayoría personas de edad avanzada, les exigió que entregaran, en sitios de Guaymallén y Godoy Cruz, durante la madrugada, "todo lo que tuvieran" a cambio de la liberación de familiares que no estaban cautivos.

Se trata de Fernando Matías Lucero, de 25 años, quien está alojado en la celda 134 del Ala I del Módulo I del edificio penitenciario.

Tras la investigación de Susana Musicianisi, fiscal de Delitos Económicos, Lucero fue condenado por el juez Diego Flamant en juicio abreviado, ya que, a cambio de declararse culpable, aceptó una pena de prisión efectiva menor a la que hubiera recibido en un juicio tradicional.

Tomando como referencia otra pena de prisión que está cumpliendo y que le fue impuesta en 2016, el condenado deberá cumplir 15 años de cárcel y quedará en libertad en agosto de 2031.

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El caso de extorsión

Todos los hechos investigados sucedieron en 2020, durante los primeros meses de la pandemia de coronavirus.

Las víctimas eran engañadas con llamados telefónicos hechos desde la cárcel con celulares que Lucero tenía en su poder de manera antirreglamentaria respecto de las pautas de vida en el sistema penitenciario.

A algunas les dijeron que sus hijos habían sido víctimas de accidentes viales y que les estaban trasladando al Hospital Central. Sin embargo, rápidamente, comenzaban las extorsiones y las amenazas hasta de "cortar los dedos a tu hijo".

En algunos casos, fingían las voces y el sufrimiento de esos parientes para sensibilizarlos.

Lucero les exigía dinero, tarjetas de crédito, celulares y otros bienes, como televisores de alta gama, a cambio de liberar a los supuestos cautivos. Debían pagar rápido y en lugares a convenir.

Fijaba una condición de hierro: no llamar a nadie ni dar aviso a la Policía.

Así, todas las víctimas pagaron y rato después se dieron cuenta de que sus parientes estaban en sus casas: durmiendo o haciendo alguna actividad.

Pero hubo una excepción: sucedió el 15 de mayo de 2020 cuando una de las víctimas, padre de un muchacho, dio aviso a un uniformado, que tomó la posta y se hizo pasar por él.

Le siguió el juego hasta que en un tramo de la conversación escuchó una frase que lo llevó a pensar en un falso secuestro y a desactivar la maniobra.

Poco después, la víctima comprobó que su hijo estaba en buenas condiciones y a salvo.

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