A tres semanas de haber comenzado, el juicio penal por los abusos sexuales en el Instituto Próvolo ya se transformó en un proceso inédito en la historia del Poder Judicial.
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Los motivos son diversos y de alto impacto en el desarrollo de las audiencias pero también en la cronología del plan de debate calculado en 3 meses mínimos, ya que las interrupciones y los cuartos intermedios están a la orden del día.
Seis jueces
Por decisión de la Suprema Corte es el primer debate a cargo de dos equipos de jueces. Titular y suplente. Veamos. El juicio a los sacerdotes Nicola Corradi y Horacio Corbacho y al jardinero Armando Gómez que comenzó el lunes 5 de agosto es conducido por un tribunal colegiado integrado por los jueces Carlos Díaz, María Alejandra Ratto y Mauricio Juan. Ellos tiene la delicada misión de llevar adelante el proceso hasta el momento de dictar sentencia. Díaz, uno de los jueces de mayor edad en el Poder Judicial, deberá redactar el fallo y luego se jubilará.
Los jueces Jorge Coussirat, Aníbal Crivelli y María Laura Guajardo componen el tribunal suplente. Asisten a todas las audiencias pero no intervienen ni toman decisiones y solo podrán hacerlo en caso de remplazar a alguno de los titulares.
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Este mecanismo de doble tribunal implica que el juez titular que deje el juicio (ya sea por enfermedad u otro motivo) será desafectado y no podrá regresar. Fue dispuesto para garantizar a las partes y a la sociedad que el debate cuya duración será de largo aliento, no se suspenderá por falta de jueces.
Sin embargo, y teniendo en cuenta que los magistrados suplentes tienen causas y expedientes de sus juzgados que atender, salta a la vista que la solución para el caso Próvolo es problema en puerta para otras causas por falta de juez.
Cuando se anunció el inicio del debate se informó que las audiencias se harían a la mañana y a la tarde. Pero esto cambió y se harán en horario matutino para que los suplentes no descuiden sus juzgados.
Corradi, el mayor de todos
La edad de los imputados es otro factor inquietante e inédito. Con 83 años, el cura Corradi es uno de los acusados de mayor edad en ser juzgado por el Poder Judicial de Mendoza. Y de ahí la premura con que se trabajó para que el debate comenzara de una vez por todas luego de casi tres años de iniciada la investigación. A nadie le convenía que Corradi, preso en un domicilio religioso por su avanzada edad y enfermedades, no llegara a ser juzgado por un hecho tan aberrante y de tan alta repercusión local e internacional: ni a las víctimas, ni a la fiscalía y mucho menos al sistema judicial.
Igualmente, la presencia del imputado veronés en el debate causó inconvenientes. Fue por su avanzada sordera. De hecho, uno de los extensos cuartos intermedios fue para solucionar el problema de que no escucha lo que pasa en la sala de debates, y por ende sus garantías de defensa en juicio podría verse vulnerada. Equivocadamente se acudió a los taquígrafos de la Legislatura. Finalmente, se instaló en el juicio un sistema de doble pantalla que permite que Corradi lea lo que pasa en las audiencias en simultáneo gracias al trabajo de tipeadores que reproducen lo que se dice.
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El jardinero que entiende todo
Que el imputado Gómez sea sordomudo también complicó las primeras semanas del proceso. La defensora oficial hizo planteos en su favor bajo el argumento de que "no comprende lo que pasa en el juicio y por lo tanto no puede ser juzgado". Esto motivó un peritaje y la posterior citación a testimonial de la profesional para que explique lo que finalmente se preveía: Gómez puede ser juzgado porque comprende todo. Aunque sea analfabeto. Porque sabe y entiende el Lenguaje de Señas Argentino (LSA). Pero para llegar a esta conclusión y destrabar el juicio pasaron casi 10 días.
La parte más sensible: las víctimas
La situación de las víctimas es delicada y demandó de mayor atención y sabiduría para decidir sobre ellos y su ya de por sí dañada integridad emocional.
Su condición de sordomudos implicó un enorme desafío para la fiscalía al momento de recibir sus testimonios. Declararon mediante el sistema de Cámara Gesell (videofilmación que se hace en un espacio cerrado cuando declaran víctimas/testigos que sean vulnerables y/o menores) y esas versiones fueron traducidas del Lenguaje de Señas al lenguaje convencional.
El drama estuvo a punto de revivir en todos ellos cuando, al inicio del debate, se pidió que todos los denunciantes volvieran a declarar en la sala a pocos centímetros de los acusados como sus abusadores. Primó la sensatez y el tribunal decidió no revictimizarlos. Y fijó que todos y cada uno de los dichos en Cámara Gesell fueran reproducidos en la sala. Algunas grabaciones son relativamente breves. Una de las más extensas dura 1 hora y 33 minutos. En la reproducción de esas versiones está hoy el debate en la sala 4 del Poder Judicial.
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El no revictimizar a los denunciantes dejó una puerta abierta para que el proceso se estire: si tras la emisión de alguna filmación surge alguna duda o queda pendiente alguna pregunta a algún denunciante, éste deberá responderla vía Cámara Gesell. Y organizar ese proceso tampoco es inmediato.
