En la noche del 4 de abril de 2014, la vida de Pablo Quiavetta cambió radicalmente. Un grupo de ladrones lo baleó en la cabeza. El hombre, que hoy tiene 36 años, se salvó de milagro contra todos los pronósticos. Y contra todos los pronósticos también, este jueves se mostró en contra de la prisión perpetua.

Pablo Quiavetta fue uno de los disertantes en el debate que abrió la Suprema Corte de Justicia sobre la máxima pena que tienen nuestras leyes. Él no es un especialista en derecho, pero su historia de vida sin dudas tiene una significancia especial. El 4 de abril de 2013 estaba con un grupo de amigos en el Parque San Martín cuando una banda de asaltantes quiso robarle y le disparó en la cabeza. Estuvo una semana en terapia intensiva y logró sobrevivir.

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Mediante videoconferencia, el hombre consideró que la prisión perpetua es inconstitucional "a menos que pueda ser una pena revisable". "Estar preso, aunque sea 1 o 2 años, ya es cruel, inhumano y degradante. Imaginen lo que es estar más de 25 años en nuestras cárceles que no cumple pada nada su rol que es socializar", agregó.

"La cárcel no cumple para nada su función. Es como meter un perro a una perrera y sale con rabia, peor de lo que entró", comparó Pablo Quiavetta.

Quiavetta habló de su caso en particular asegurando que tiene secuelas por el ataque armado que sufrió: "Estoy en un cuerpo que no es mío, estoy bastante limitado, pero haber metido presos a esos tres muchachos no me devolvió mi salud. No los libero de la culpa para nada, pero queremos que esto sea más justo".

Debate por la prisión perpetua

La Suprema Corte de Justicia abrió una convocatoria a una audiencia pública para definir si la prisión perpetua es constitucional o no. La exposición, que se puede ver haciendo click aquí, se realizará en toda la jornada de este jueves y la mañana del viernes.

El debate es un paso previo a un fallo que debe emitir la Corte tras el caso conocido como la Valija Fúnebre, donde cuatro sujetos fueron encontrados culpables en un juicio abreviado por homicidio agravado, pero el juez Eduardo Martearena los condenó a 25 años de prisión en lugar de a prisión perpetua, como contempla el Código Penal.