Se trata del joven que recibió un disparo cuando estaba en el parque San Martín, de Ciudad, en abril del 2013. Su pronóstico de vida era muy malo, sin embargo salió adelante y cuenta su historia.

Pablo Quiavetta: fue baleado en la cabeza, sobrevivió y cambió su vida

Por UNO

Pablo Quiavetta, de 32 años, sobrevivió a la inseguridad de Mendoza luego de ser baleado en la cabeza por delincuentes en el parque San Martín, para robar un auto que dejaron abandonaron en las inmediaciones. Pablo se rehabilitó y retomó parte de su vida, aunque de los asaltantes nunca se supo nada.

El hecho ocurrió en la noche del 4 de abril de 2013 cuando una banda de ladrones atacó a un grupo de amigos en el Parque San Martín, de Ciudad, para robarles un auto.

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Un disparo impactó en la cabeza de Pablo Quiavetta, y fue internado en el Hospital Central donde los médicos habían advertido a sus familiares que tenía muy mal pronóstico.

A pesar de eso pablo revirtió el pésimo pronóstico que vaticinaban los galenos y luego de ocho días en terapia intensiva del Central, Pablo comenzó a vivir por segunda vez, pero con una marca que le quedará de por vida.

Pablo estaba a pocos días de viajar a Brasil donde trabajaría en una minera. Mientras su esposa, Xiomara, estaba en San Juan donde trabajaba y transcurría su primer embarazo.

La bala que cambió su vida para siempre quedó alojada en su cabeza. Le dejó una discapacidad motriz y debió reorganizar todos sus proyectos y su forma de vivir.

Pero esto no fue una limitación para Quiavetta, quien se las ingenia para hacer casi todo lo que hacía antes. Adaptó su auto para poder conducirlo y junto a su esposa y sus dos pequeñas hijas fuimos hasta el lugar exacto del parque San Martín donde aquella noche de abril lo balearon en la cabeza. Noche de la que recuerda hasta el último detalle.

Estuvo ocho días en terapia intensiva del Hospital Central, donde los médicos le habían dado muy pocas esperanzas de vida a sus familiares debido a que no sabían los daños que habría causado la bala dentro de su cabeza.

Pablo recuerda que le hacían pruebas para que su cuerpo reaccionaba, pero no ocurría. Sin embargo él estaba consciente, sentía todo lo que le hacían y decían delante de él, aunque los médicos no lo sabían. Hasta que para sorpresa de todos, Pablo reaccionó.

Hoy lleva una vida más que normal. Trabaja en el Instituto de Seguridad Pública, busca a sus hijas al colegio, prepara el almuerzo, organiza su casa y va a la facultad donde estudia administración de empresas. Allí sus compañeros y profesores destacan cómo se esfuerza para salir adelante y cómo se adaptó a su nueva vida.

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