De los 6 años que ha durado la investigación por el asesinato del médico Sebastián Prado (36), gran parte de la suerte fue echada este miércoles con una jornada clave en el juicio contra Jonathan Morales e Ismael Merlo (32).
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No sólo declararon los dos testigos más fuertes que sostienen la acusación sino que la defensa también usó sus armas y reconstruyó una prueba que podría haber sido vital y nunca se concluyó.
Tyson
José Gómez, conocido en el expediente como Tyson -porque era boxeador-, se sentó delante de jurado popular para brindar su versión. Palabras más palabras menos, ratificó lo que había dicho durante la investigación: que Jonhy Morales fue quien ultimó al médico, que Pipi Merlo fue quien lo ayudó a escapar en una moto y que lo hicieron parar robarle la camioneta a la víctima por la cuál le iban a pagar $30 mil. A esta versión llegó por convivir con los sospechosos en la villa Escorihuela, en Ciudad.
Si bien en su segunda declaración en la causa presentó una contradicción -que Merlo fue el autor del disparo-, ahora aclaró que ese cambio de versión lo hizo porque lo amenazaron amigos de Morales en el penal -Tyson está preso por otro homicidio-.
Al ser consultado sobre el motivo por el cual tenía un buzo con una mancha -aparentemente de sangre- cuando se realizó un allanamiento en su casa explicó que él recolectaba ropa para donar y Pipi Merlo se lo dio la noche del crimen.
Lucas Orozco
El otro testigo clave para la Fiscalía es Lucas Ezequiel Orozco (26), quien fue condenado por cometer otro asesinato en un asalto junto a Jonathan Morales.
Este hombre también confirmó su versión: "Estábamos en un micro con Jhony y me contó que había matado al doctor -en referencia a Prado- y que teníamos que hacer lo mismo. También me dijo que zafó de esa causa porque su patrón del restaurante dijo que estuvo con él esa noche".
Orozco admitió que su esposa, mediante su abogada, reclamó la recompensa que se ofrecía para la persona que brindara datos concretos por el asesinato de Prado y agregó que nunca se la pagaron.
También negó conocer a Tyson, pese a que este había declarado minutos antes que se conocían de la villa, y dijo que no sabía sobre la participación de Pipi Merlo en el crimen.
El ADN
Una gran incógnita que intentan plantear las defensas es por qué nunca se realizó un cotejo genético entre la víctima fatal y la mancha en el buzo que le secuestraron a Tyson 17 días después del asesinato. Este camino fue reconstruido por cuatro testigos que trabajan en distintas áreas del Cuerpo Médico Forense (CMF) y de la Oficina de Secuestros.
Quedó claro que de la prenda de ropa se detectó una mancha que probablemente era de sangre, aunque para confirmar esto había que realizar un cotejo de ADN. Ante un pedido de la Fiscalía, recién en mayo de 2016, desde los laboratorios forenses se solicitó ese rastro para realizar la comparación pero si bien recibieron la muestra de Sebastián Prado nunca les llegó el buzo.
La prenda de ropa se encontraba en la Oficina de Secuestros y, ante la acumulación de material, se procedió a realizar un decomiso en forma automática a dos años y medio del asesinato. Antes de esto fue notificada la Fiscalía y no hubo oposición al respecto. En noviembre de 2017, el buzo fue donado a una comunidad de Lavalle.
