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Esta bandas de rock, una de las más importantes de la historia, se presentó en Mendoza. Con algunos problemas de sonido, paseó por las grandes canciones de su trayectoria. Imágenes

Yes: la leyenda progresiva tocó en el Bustelo

Y entonces, saltó la térmica. No era para menos: estaba Yes en Mendoza, estaba allíla banda de rock más célebre que haya pisado jamás suelo mendocino, y de golpe la mitad de los

instrumentos se quedó sin sonido.
Pero apenas fue una anécdota para un show que es historia. Porque un Bustelo amedio llenar recibió nada menos que a la agrupación más emblemática del progresivo sinfónico, a labanda que regaló algunos de los más hermosos discos de los años '70, la que incursionó en el pop yque cambió para siempre el estatus del rock para llevarlo a la categoría de música culta. El Yes que tocó en el Bustelo tiene algunas bajas entre sus miembros más célebres,pero eso no es novedad para el grupo. De hecho, aunque ni el emblemático Jon Anderson ni eltecladista Rick Wakeman fueron de la partida, es cierto que ya antes Yes ha grabado y tocado sinellos. Pero la columna vertebral estaba allí: el bajista Chris Squire (único miembro delgrupo que estuvo en todo disco firmado con la rúbrica Yes), el guitarrista Steve Howe (que ingresóa la banda en 1971 y la abandonó en 1982, para regresar en 1995) y el baterista Alan White (quienentró en 1973 al grupo). Junto a ellos, el ex miembro de una banda tributo a Yes, Benoît David,tomó el difícil papel de reemplazar a Anderson subido al don de su voz, muy similar a la dellegendario cantante. Y, además, Oliver Wakeman, hijo del tecladista Rick, tomó el lugar de su padreprovocando un singular efecto emotivo. El show arrancó nada menos que con Siberian Khatru, la pista de cierre de la cima creativa de los Yes (Close to the Edge, 1972), y eso bastó para poner en claro que David podía simularla gran ausencia de Anderson. Además de su voz que parece calcar la de su ídolo, el canadienseaportó, además, una buena presencia en el escenario, pases de baile clásico incluidos. Este Yes, sin Anderson, polémico por ello mismo, se permite libertades que añosantes habrían parecido escandalosas. Por ejemplo, interpretar una canción del infravalorado disco Drama (1980), el único que contó con otro cantante (Trevor Horn). Tocar entonces, Tempus Fugit (tema de cierre de aquel álbum) era todo un guiño que parecía decir: "no es la primera vez que Yes prescinde de Jon". Pasados el corte de energía, que sirvió para un impresionante set de Howe, queincluyó prodigios de las seis cuerdas como The Clap y In the Course of the Day, llegó otra  sorpresa. Es que el grupo interpretó el mayor hit de la banda, Owner of a Lonely Heart, un tema de la etapa en la que el grupo se desvió de suestilo progresivo para bucear en el pop, cuando Trevor Rabin desplazó a Steve Howe del grupo (yéste, curiosamente, se fue a hacer también rock comercial junto al combo Asia). Yes está hoy másallá de los egos y puede mirar toda su historia sin avergonzarse de ninguno de sus episodios. ¿Eldato? Howe dedicó la canción justamente a Anderson y jugueteó en medio de los solos formando uncorazón (solitario) con sus dos manos. Por lo demás, Yes paseó por temas de discos que fueron desde Time and a Word (Astral Traveller) hasta 90125 (el mencionado Owner...), tocando gran parte de su The Yes Album(I've Seen All Good People, Perpetual Change, el cierre con todo el público juntoal escenario en Starship Trooper), de Fragile (Rondabout, un infaltable, y el inmenso Heart of the Sunshine, que arrancó al público lágrimas de emoción), y de Close to the Edge (no faltó el extasiante And You and I). La de Yes es una historia de 42 años tranistada por un camino sinuoso, que llevó aestos músicos hasta las más altas cimas de la creación musical, y que hoy, a los hombros de esepasado, obligan a uno a ponerse de pie ante la estatura de su obra. Eso hizo Mendoza: no era paramenos.

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