En su obra póstuma, Pantallas de plata, Carlos Fuentes ahonda en su relación con el séptimo arte
Una nostalgia por el cine compartida
Marcela Furlanofurlano.marcela@diariouno.net.ar
El amor del escritor Carlos Fuentes por el cine nació antes que él mismo, era parte de su herencia. Su padre se había tomado el meticuloso trabajo de anotar en grandes cuadernos todas las películas que veía, afición que fue seguida por Carlos, quien cuenta que por poco no nació en una sala de cine, a la que sus padres habían asistido para ver La bohème, adaptación de la ópera y la novela de Henry Murger dirigida por King Vidor. Estas anécdotas son parte de las confidencias que el autor de La muerte de Artemio Cruz hace con respecto a su particular relación con el séptimo arte en Pantallas de plata, la obra publicada póstumamente por la editorial Alfaguara.Carlos Fuentes no sólo fue un espectador apasionado, sino que también fue guionista, jurado de festivales cinematográficos y conoció a grandes directores y estrellas de cine. Fue el observador absorto por el talento de los realizadores que pudo departir con ellos cara a cara y el enamorado de las distantes divas de Hollywood, a las cuales pudo admirar en persona.
En los diferentes capítulos de este libro, Fuentes hace un repaso por la historia del cine, desde que era mudo, haciendo foco sobre todo en las grandes producciones de las décadas del ’30 al ’60 del siglo pasado. Allí es donde repasa filmes en lo que podría llamarse una antología personal, que como toda lista tiene algo de arbitrario: podemos coincidir en muchas de las obras elegidas, disentir sobre otras y también recordar algunas que creemos deberían estar. Además, quien no conozca las películas, actores y realizadores se perderá gran parte del encanto del libro, que es precisamente dejarse llevar por el escritor en este ejercicio de la nostalgia compartida.Los gánsteres, las mujeres fatales, aquellos que nos hicieron reír, los actores secundarios son algunos de los temas a través de los cuales Fuentes sistematiza su visión sobre el cine.Y como eslabones preciosos, están sus anécdotas con grandes nombres del séptimo arte. Como ejemplo vale citar el momento en que conoció a la oscarizada actriz Joan Crawford, que en ese momento rondaba los 50 años. Fuentes se sorprendió de la dureza de su rostro. Con el paso de las horas la diva terminó mostrándole su armario de dos pisos, en los que guardaba no sólo sus pieles sino vestidos con los que había aparecido en sus películas. Del glamour de su habitación pasaron a cenar sánguches en la cocina, porque según ella no tenía servidumbre ese día. En esa comida informal le dijo al escritor: “Las actrices de hoy se creen reinas de Hollywood. No saben de lo que hablan. Las reinas éramos nosotras”. Esta sola perla ya justifica la lectura de Pantallas de plata. Pero, por suerte, hay mucho más.