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Lady Marian no será un miembro de la nobleza, sino una campesina. Robin Hood no será un joven naturalmente valiente y arriesgado que lucha contra la injusticia, sino un muchacho humilde y cobarde, que primero luchará contra sus miedos y que luego transformará su espíritu por obra del amor. Entre el principio y el fin, 24 actores sobre el escenario del teatro Independencia, mucho movimiento, música, acrobacias y un montón de humor. Esta es El valiente Robin Hood, la versión libre del emblemático Ernesto Suárez de la aquella historia medieval que se ha recreado tantas veces y que, gracias al talento del Flaco, tendrá una mirada nueva, fresca y divertida para atrapar a los niños en vacaciones de invierno, en doble función diaria que comenzó ayer y que se repetirá hasta el domingo 19.
“Trabajar para los niños es mucho más hermoso y más difícil”, dice Ernesto Suárez, que ha escrito, dirige y actúa en la obra. “El niño es no está domesticado, como dice Saint- Exupéry. Si no le gusta lo que ve, se va. Se empieza a mover, va al baño o se pone a hacer otra cosa. Los adultos se quedan hasta el final y aplauden por compromiso. Los niños no. Ellos no le dan un beso a la abuela o a la tía si no quieren, y en el teatro es igual. Ellos no son hipócritas”, sostiene. “Nosotros los tratamos como lo que son: personas inteligentes”.
Por esto, ir al Independencia estas vacaciones tiene el resultado asegurado. La obra ofrece muchísimos estímulos y la atención de los niños está garantizada. Además la obra está armada para que “el niño imagine, más que ver. Hoy se repiten formatos que se ven en televisión, creyendo que con eso alcanza, y el mundo del niño es muy complejo”, considera Suárez.El Flaco destaca que no hay tramas complejas ni bajadas de línea en sus obras para chicos pero, inevitablemente, su mirada siempre surge desde un ángulo especial. Si no fuera así, no sería una obra de Suárez. “Es un juego, con mucho movimiento y muchos estímulos”, dice, y agrega que en ella se puede ver “el ideal de la justicia” y acota: “Hoy ya nadie es Robin Hood, los códigos se han terminado y ya no quedan estos tipos que surgen del pueblo y hacen las cosas por el pueblo”.“Hay que moverse mucho” Más allá de la obra, resulta indispensable aprovechar a Ernesto Suárez para tener algunas definiciones más de base, más profundas sobre el arte escénico y su actualidad.El director de El valiente Robin Hood dice que sí se puede vivir del teatro, pero que hay que “moverse mucho”. Que “yo debo dar gracias por haber logrado casi el milagro de haberle podido comprar una casa a mis hijas con esto”, aunque aclara que “no hay que trabajar para ganar el Mundial, sino para ganar el partido del barrio”.Para llegar a este presente el camino fue largo y duro y todavía hoy lo sigue siendo. “Yo trabajo de esto desde los 24 años y recién a los 53 conseguí hacerlo”, dice, con sus 75 años cargados de energía.La obra del Independencia, por ejemplo, está producida por el teatro El Taller y el grupo De Sol a Sol. “Somos una cooperativa y yo soy parte de ella, uno más, no soy el gerente general. Todos trabajamos y ganamos igual”.–¿Cuál es el éxito que busca el artista?–El triunfo es muy relativo. Todos queremos que nos abracen, nos tuteen, nos sonrían. Pero no está bueno ser una estrella aislada y con la cabeza vacía, como lo vende la televisión. León Gieco, que sigue tocando en las plazas, en las cárceles y en los barrios, es un buen ejemplo de lo que busca el artista que entiende lo que esto significa.El Flaco agrega que “también hay que tener en cuenta que el arte es una cosa no terminada, que se mueva de lugar y que hay que moverse con él”.A Suárez le gusta el presente del arte en Mendoza. Dice que, por ejemplo en el teatro, los grupos van “creando público”. El actor, Premio Escenario de Oro 2011, sostiene que “hoy hay unos 40 elencos trabajando y las cuatro salas independientes están siempre llenas. Eso es por un trabajo continuo y generado por aquellos que se mueven, que buscan espacios. En un bar, en un café, en una salita, en la plaza. Eso genera público”.Apuntes de la vida Criado en una familia muy humilde de Guaymallén, el pequeño Ernesto Suárez con sólo 7 años comenzó a vender fruta en una carretela, a los 8 hacía cajones en un aserradero y a los 9 comenzó a ir a cosechar. Ya un poco más grande trabajó también de albañil.A los 18 se fue a Córdoba. Quería ser abogado por ese tiempo. Allí vivió con unos curas dominicos. Después hizo el servicio militar y, luego de la baja, decidió que el Derecho no era su sueño y regresó a Mendoza.Trabajó durante cinco años como bibliotecario de la Facultad de Ciencias Económicas en la UNCuyo. Y se comenzó a relacionar con las peñas estudiantiles y con el teatro, y hacia fines de los ’60 fue invitado a formar parte del elenco teatral que tenía la Facultad de Arte y Diseño.A los 24, edad de inicio formal y definitivo de su historia artística según él mismo, se sumó al grupo de Pepe Navarrete, Cristóbal Arnold, Gladys Ravalle, Jorge Fornés y Fernando Lorenzo, entre otros. Militaba en el peronismo y hacía obras en los barrios.Entre el ’74 y el ’76 el elenco trabajó intensamente. Después del Golpe, vino el exilio obligado. Primero Chile, después Perú y por último Ecuador. Hubo también un viaje a Europa.Regresó a Mendoza en 1985 y, desde aquí comenzó un lento pero constante trabajo teatral, que ahora lo encuentra como un referente del teatro mendocino.El valiente Robin Hood Cuándo: todos los días, a las 16 y 18Dónde: Teatro Independencia (Chile y Espejo, Mendoza)Entradas: $70
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Mucha acción y diversión. El Flaco Suárez actúa junto con Leticia Gili, Guillermo García y Mauricio Fábrega, entre un elenco de 24 actores mendocinos.