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La gira Nacional 2015 del Ballet del Teatro Colón incluyó, como siempre, dos noches en el Teatro Independencia. Todo el elenco volvió a mostrarse solvente, pero esta vez en manos de Maximiliano Guerra, su reciente director.  

Trilogía Neoclásica IV: la estética neoclásica como fuente de inspiración

Por Cristina Alfonso / Especial para UNOLa gira Nacional 2015 del Ballet del Teatro Colón incluyó, como siempre, dos noches en el Teatro Independencia. La estética neoclásica como fuente de inspiración, ya cuenta con historia. Esta cuarta Trilogía Neoclásica partió en cuanto a lo estilístico desde lo más abstracto, pasando por lo refinado, hasta lo más expresivo.

Todo el elenco volvió a mostrarse solvente, pero esta vez en manos de Maximiliano Guerra, su reciente director. La propuesta destacada, por su labor creativa y realización, fue la de Wainrot, la única con zapatillas de media punta.
En cuanto al rendimiento del elenco podríamos decir que fue el mismo de siempre, aunque hubo toques de desprolijidad en cuanto a los peinados que lucieron algunos bailarines. A nuestro criterio, no aportaron a la estética en cuestión y fueron motivo de distracción.Sinfonía entrelazada fue creada por Mauro Bigonzetti especialmente para el Ballet Argentino de Julio Bocca, con la partitura de la Sinfonía nº 29 en la mayor, K. 201 de Wolfang Amadeus Mozart, una de las más conocidas de su producción temprana, y diseño de vestuario de Aníbal Lápiz.A la Compañía del Colón, esta obra llegó a través de Carlos Zamorano, repositor del coreógrafo italiano, siendo Mozart, justamente, la fuente de inspiración en varias ocasiones y su compositor preferido.En la apertura y a modo de preludio, hasta el silencio fue bailado, presentando el “motivo entrelazado”, base de esta creación de Bigonzetti. Este motivo, según testimonios de Zamorano, bien puede ser entendido como un entrelazamiento de culturas, ya que la pieza fue la primera de este autor, para Latinoamérica.Por su refinamiento y equilibrio fue la más lograda en cuanto al estilo puro neoclásico. Diecisiete cuerpos se entrelazaron durante los cuatro movimientos, entre ellos, Carla Vincelli, Federico Fernández, Macarena Giménez, Eduarda Trabalón y Emanuel Abruzzo, como solistas. El público la celebró muy bien, pero no en toda su dimensión.Diamante, la pieza de Éric Frédéric con música de Serguei Prokoviev y diseño de R. Salazar, no fue tan sobria como la anterior, estilísticamente hablando. De este artista belga, radicado en Río de Janeiro, se había visto ya su Fuga técnica, ecléctica obra que formó parte de la segunda Trilogía Neoclásica (2012). La fastuosidad estuvo dada por los brillos incorporados al vestuario y por el imponente concierto para piano y orquesta en Do Mayor, opus 26 de Prokoviev, el más popular de los cinco conciertos de este compositor ruso con toque modernista, innovaciones melódicas y excepcional presencia rítmica.  Ninguna obra del programa contó historias pero, como dijo Frédéric, en Diamante “cada espectador creará la suya propia”. Tres pas de deux (C. Vincelli -el 16- E. Trabalón; P. Cassano/M. Santos; L. Brunetti/F: Fernández -el 16-) y F: Coppo -el 17-), cuatro solistas mujeres (A. Perez Alzueta; I. Fassi; L. Galaverna; L. Hominal) y seis parejas más como cuerpo de baile plantearon un juego, un simple juego de lo que pueden representar los diamantes en la vida de las personas: un juego con la velocidad, el brillo y los estados de ánimo. Un verdadero juego refulgente.El espectáculo cerró con la  creación más contemporánea en cuanto a sus líneas y en media punta, del argentino Mauricio Wainrot, a partir de la  Rapsodia sobre un tema de Paganini, en la menor, opus 43, de Serguei Rachmaninoff  (24 variaciones para piano y orquesta) y titulada del mismo modo.La obra pisó firme de entrada, tanto por el vestuario como por la verdadera conjunción coreográfico-musical y el desplazamiento solvente y bien sincronizado del grupo. Los solistas -Karina Olmedo, Vagram Ambartsoumian y la mendocina Daiana Ruiz- estuvieron impecables.El vestuario a cargo de Graciela Galán, coloreado por ella misma artesanalmente, aportó tonalidades pasionales en degradé Un enorme cortinado de tiras plásticas transparentes, ubicado como telón de fondo, sirvió para el desplazamiento de los bailarines, desde y hacia el escenario.Lo visual y lo sonoro estuvieron parejos, es decir, la coreografía habló a la par de la música y eso significa un enorme mérito del coreógrafo. Y nada sencillo de conseguir. Pocas veces se obtiene la verdadera unidad en la diversidad y la utilización de movimientos acordes con la dinámica musical. Hubo verdadera cohesión coreográfica, con sentido y muy buen entendimiento de esta expresiva partitura del período ruso romántico. Excelente propuesta.Trilogía Neoclásica IV / Ballet del Teatro Colón  Dirección: Maximiliano Guerra  Programa: Sinfonía entrelazada, de Mauro Bigonzetti-Mozart; Diamante, de Éric Frédéric-Prokofiev, Rapsodia sobre un tema de Paganini, de Mauricio Wainrot-Rachmaninoff.Teatro Independencia, 21.30 hs.(16 y 17 de junio 2015)

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