Por Selva Florencia Manzur
manzur.florencia@diariouno.net.ar
A los 32 años, Tomás Fonzi puede decir que lo ha hecho todo: televisión, cine y teatro. Actualmente, incursiona en un papel exigente en el musical Y un día Nico se fue junto al mendocino Marco Antonio Caponi. El papel, le exigió al intérprete aprender a bailar y atreverse a cantar en vivo.
La obra, que fue un fenómeno del teatro independiente en su paso por Buenos Aires, se encuentra de gira por el país: anoche estuvo en San Juan y hoy se presenta en la Nave Cultural, a las 22 (las entradas se pueden adquirir en la boletería).
Fonzi dialogó con Escenario desde Buenos Aires y contó cómo fue interpretar al hombre que, en la vida real, le rompió el corazón al periodista Osvaldo Bazán y lo inspiró a escribir este texto.
La producción es de Luis Majul y Mario Segade, las canciones las compuso Ale Sergi (de Miranda!), y la dirección es de Ricky Pashkus.
–¿Usaste experiencias propias para armar el rol de Nico?
–Siempre hay un aporte de lo que a uno le ha pasado. A veces, uno pasó por lo mismo, pero no a un punto tan extremo, y te podés dar una idea de cómo fue. Siempre hay una evocación a algo personal. De todas formas, este es un personaje que yo compuse, algo que no siempre se da.
–Vos interpretás al personaje del título, ¿cómo lo definirías?
–Bueno, Nico se va... (risas). Él es un chico joven, que está en una situación delicada con los padres porque ellos no entienden su inclinación sexual ni las cosas que le están pasando. En ese momento, se encuentra con el personaje de Marco (Antonio Caponi) que hace de Osvaldo (Bazán) y se enamoran. Tienen una gran historia de amor. Sobre todo, porque a Nico la situación de su pareja le viene muy bien. Él se refugia en Osvaldo. Toda la obra está contada desde el punto de vista del personaje de Osvaldo. Todos en la obra manifestamos alguna parte de su mente o sus sentimientos. Él sigue insistiendo con que Nico se fue de repente, yo estoy convencido de que no fue así. De que no hay peor ciego que el que no quiere ver.
–¿Cuánto te costó liberarte de los prejuicios y animarte a cantar y bailar en vivo todas las noches?
–Nunca había hecho algo así. Fue un desafío muy grande. Cuando me llamaron por este proyecto, no creí poder hacer este papel, pero Ricky me aseguró que sí. Me dijo que no importaba que no fuera cantante. La idea era que los protagonistas fueran actores y tratamos de cantar y bailar como los demás. El resto del elenco sí viene del mundo del musical.
–Marco Antonio se sumó cuando Walter Quiroz se fue. ¿Le diste consejos o lo ayudaste a adaptarse a un proyecto armado?
–Estos trabajos implican una conexión muy particular con la persona con la que vas a compartir escenario. Sos un trapecista que tiene que saltar, estando seguro de que el otro te va a agarrar. Siempre lo encaré por ese lado, lo bueno fue que con Marcos pegamos onda desde el primer momento. Eso fue muy útil. Él se incorporaba a un elenco armado, no era fácil para él y buscamos hacerlo sentir lo más cómodo posible.
–Tu familia y amigos deben de haberla visto, ¿qué opinó tu hermana, Dolores al verte?
–Le encanta la obra. Ya la vio varias veces y la disfrutó mucho. Eso tiene también, que hay gente que ha venido muchas veces a verla. Cuando hicimos la temporada en Buenos Aires, hubo gente que vino 10 veces y que se sabe todas las canciones. A dolores le encantó y estaba muy contenta con el proyecto.
–Eso suele pasar con el cine y los musicales, que son formatos que se dejan disfrutar varias veces...
–Claro. Además, tenemos unas canciones que compuso Ale Sergi que no tienen desperdicio. Sigo sin poder elegir cuál me gusta más, porque son todas geniales. Es una historia entrañable. Pasan muchas cosas en escena, somos muchos artistas y hay mucha energía.
–Volviste a la TV con Somos familia, ¿extrañabas la tele?
–Sí, porque la TV siempre es un lugar en el que potencio mucho la creatividad. Eso te lo genera el vértigo de las grabaciones diarias, que hace que uno pueda darle forma a su personaje.
Hay algo de ese vértigo que me gusta muchísimo. Pero esta vez fue muy diferente porque todo lo que salió se grabó el año pasado, entonces al grabar sin aire, no tenés la chance de ir corrigiendo cosas o ver qué repercusión hay en la gente.
–Hacés televisión desde chico y has crecido en la pantalla, ¿cómo vivís la presión que existe hoy por el rating? ¿Siempre fue igual?
–Siempre estuvo presente esto. Es cierto que con el tiempo fue tomando cada vez más fuerza, pero es entendible. Esto es un negocio, sobre todo la televisión. Cuando sólo se piensa en función del número se termina haciendo cualquier cosa, pero por suerte somos muy buenos generadores de ficción y mientras más se hace, mejor salen las cosas.
–¿Vas a volver a hacer cine?
–El año que viene se estrenan un par de películas que hice. Hay una que hice en Bolivia y otra de Diego Rafecas que se llama Ley primera.
–¿Nunca has trabajado en cine con Dolores o con Gael (García Bernal)?
–En cine no hemos trabajado juntos, no. No es mala idea. Estaría bueno, sin duda.
“Escribí esto para que lo leyera mi ex”
La obra Y un día Nico se fue está basada en las experiencias que vivió el periodista de radio y TV Osvaldo Bazán cuando un novio -quien fuera el amor de su vida- lo abandonó.
Pero en vez de quedarse sentado, el también escritor se sentó a escribir y le dio vida a una historia con el propósito de reconquistar a su ex. En diálogo con Escenario, Bazán contó que lo único que no sucedió, fue justamente eso. En cambio, su novela se convirtió en un fénomeno en las librerías y en las tablas, donde apareció convertida en un musical.
Hoy, la obra protagonizada por Marco Antonio Caponi y Tomás Fonzi, es considerada una revolución del teatro independiente, que buscará seguir en cartel una vez que acabe su gira por el interior del país.
–Acompañás la obra en todas sus presentaciones, ¿cómo es revivir tu historia todas las noches?
–Fue muy fuerte las primeras veces. Ahora, lo que me interesa es ver que todo salga bien y chequear con los chicos (por los actores) estén bien. Me he podido despegar un poco, pero no voy a negar que algunas veces, en ciertas partes, me llega. Esto no es un documental de mi vida, porque sería un embole (risas), pero cuento las cosas que me pasaron cuando me dejaron. Fue una relación que pasó en los ’90 y hoy, tengo otra mirada sobre lo que pasó. Si fuera una terapia para mí, no lo soportaría.
–¿Qué opinó la gente que te conoce cuando vio la obra? Siendo que está basada en parte de tu vida...
–Lo que sucede seguido es que me conmueve ver cómo se ven reflejados ellos en la historia. Hay algunas frases del guion que sí las dije yo o me las dijeron, entonces lo primero que me dicen es que las cosas no fueron así o que me estoy mostrando como más bueno de lo que soy arriba del escenario. Y yo siempre les digo que obvio que va a ser sí, si es mi obra...
–¿Es verdad que llevar la novela al teatro fue algo casual?
–Escribí esto para que lo leyera mi ex. Tenía como destinatario una sola persona: él. A esta altura, cuando ya hay casi 30.000 personas que la han visto, suena raro. Pero soy muy honesto: lo escribí porque quería que él volviera y fue lo único que no pasó.
–¿Y cómo llega a Ricky Pashkus?
–Por un comentario casual en Twitter. Nos fuimos comunicando y se empezó a gestar. De forma muy natural, sin planearlo. Después lo llamamos a Ale Sergi, quien escribió las canciones. Con eso, hicimos 20 funciones en la Usina del Arte, de forma independiente. Los actores y nosotros lo pusimos en pie, pero la vinieron a ver Luis Majul, que nunca había producido teatro, y Mario Segade, autor de Farsantes, y les gustó tanto que quisieron producirla para que siguiéramos adelante.
Para agendar
- Y un día Nico se fue
- Hoy, a las 22 en la Nave Cultural (España y Maza, Parque Central, Ciudad)
- Entradas $150, $180 y $230
