"La magia que siento al cantar" es la frase más verdadera del repertorio solista de la española Amaia Montero y pertenece al tema Cuando canto, de su último disco, Si Dios quiere, yo también. Decimos verdadero porque ella realmente lo siente así y lo transmite cada vez que sube al escenario -aquí o en Europa- y comulga con su público, ese que conquistó a fuerza de su estilo melismático de cantar y que todos conocieron cuando formaba parte de La Oreja de Van Gogh.
Desde 2007, Montero viene trazando un camino diferente al de aquel grupo que popularizó temas como 20 de enero y Rosas. En aquel año, ella inició una carrera solista, con canciones que la representan de forma más acabada y que la llevó a destinos más alejados que los que había alcanzado hasta entonces.
Tan bien le fue al apostar por ella misma, que la promoción de su tercer disco la trajo hasta , provincia muy alejada del País Vasco en el que nació. Ese primer acercamiento con los mendocinos fue en octubre y ahora se repetirá en el Festival Rivadavia Canta al País.
La cantautora de 39 años subirá al escenario de ese encuentro musical del este provincial el martes, la misma noche que lo haga Alex Ubago, su compatriota con quien cantó el éxito mundial Sin miedo a nada.
En su show, la rubia hará un repaso por su material reciente, pero también hará lugar para las perlas de su antigua banda, como Deseos de cosas imposibles, Rosas y Muñeca de trapo.
En diálogo con Diario UNO, aseguró que su larga estadía en Argentina seguramente se verá reflejada en su próximo trabajo discográfico el cual espera editar en 2017.
Por estos días, ella está recorriendo festivales de todo el país y también cantará en Chile. Luego, volverá a Europa a descansar, quizás por primera vez desde que en 2014 saliera el CD que sigue promocionando.
Su acento español marcado se percibe no bien atiende el teléfono de su habitación en el Faena Hotel, de Buenos Aires. Ese acento, nos remonta fácilmente a la siguiente estrofa de la canción con la que abrimos esta nota: "El silencio nunca pudo superar/La magia que siento al cantar ".
-¿Cómo fue esa noche de octubre, cuando cantaste en Maipú?
-¡Pues me encantó! Hubo un público increíble, el lugar me encantó también. Creo que se formó un momento único allí, con todos los mendocinos. Lo guardo como un gran recuerdo. Es la verdad. Ir ahora, a Rivadavia, me hace mucha ilusión.
-Has estado presentándote en distintos festivales, ¿cómo ha sido esta nueva experiencia en el país?
-Tengo tantos festivales que me quedo hasta el 24 de febrero aquí. Estuve en Villa María (Córdoba) y me voy a ir a participar de otro a Chile. ¡Voy a estar todo el verano de festivales y viene siendo maravilloso!
-¿Varía el show que traés ahora del que vimos el año pasado?
-Son pocas las canciones que varían, pero los repertorios de los festivales son más dinámicos. Sigo presentando el disco Si Dios quiere, yo también, pero también hago un repaso de mis 20 años de carrera.
-¿Pasar tanto tiempo aquí te ha permitido adentrarte más en los sonidos autóctonos del país?
-Pues sí, he aprendido muchas cosas. La banda con la que estoy tocando aquí, está formada por Argentinos y ellos me cuentan y enseñan cosas. Me hablan pues de Spinetta, Lerner, Calamaro. Abel Pintos me encantó cuando lo vi, en el teatro Ópera (Buenos Aires). Hay una cultural musical muy interesante aquí, porque tienen de todo: hay folclore y un rock maravilloso. Los letristas que hay también son muy buenos.
-Tras dos décadas cantando y desnudando tu alma al público, ¿qué quisiste comunicar con este álbum, cuyo título ("Si Dios quiere, yo también") es muy simbólico?
-Bueno, la evolución es inevitable con los años, aunque pareciera que cada vez es más difícil componer algo personal, porque uno tiene ya tantas canciones. Pero lo cierto es que las etapas que uno vive, lo que hayas madurado, lo que hayas aprendido y las experiencias que hayas tenido son las que me van transformando a mí, y a todos. Creo que la vida tiene un plan para cada uno de nosotros y constantemente nos lo está cambiando ese plan, entonces hay que adaptarse de la mejor manera. Todo pasa por algo y en torno a esta filosofía, que trato de recordar y en la que trato de basar mi vida, armé el disco. Todas las canciones del álbum giran en torno a eso.
-¿Esta filosofía surgió en vos luego de una crisis o alguna situación particular?
-Claro. Hubo momentos malos en mi vida, en lo personal, que me llevaron a investigar estas cosas y a madurar mucho. Al final, se trata de eso, de darse cuenta de que el camino más difícil es también el más reconfortante.
-¿Uno de esos momentos personales difíciles fue cuando decidiste irte de La Oreja de Van Gogh?
-Sí, la verdad es que sí. Fue una decisión muy importante. La más importante que he tomado en mi vida. Sentí miedo, claro, y lo sigo sintiendo (risas). Estoy muy contenta, había que arriesgarse y ser valiente, pero eso no implica que uno no la pase mal o tenga miedo.
-¿Hay posibilidades de que vuelvas a cantar con ellos?
-Con los chicos tenemos una relación personal muy bonita y no hablamos de esas cosas, realmente. Ellos, por ejemplo, me pueden contar que están por grabar un nuevo disco, lo cual es así, y yo decirles que estoy de gira por Argentina, porque hay mucho cariño. Hablamos de lo que hace cada uno, pero juntarnos no es un tema que haya salido nunca y no hay nada hablado sobre eso.
-¿Has empezado a pensar en tu próximo material de estudio o a componer algunas canciones?
-Ya quiero empezar a escribir oficialmente el próximo disco, sí. Quiero que salga en 2017, pero lo cierto es que entre una cosa y la otra, no he parado desde el 2014. Normalmente, siempre he separado las etapas. Cuando compongo trato de olvidarme del mundo y meterme en mi cueva. Me gusta tomarme todo el tiempo que necesito. Lo mismo pasa cuando grabo las canciones. Por eso, pensando en el momento ideal para concentrarme bien, creo que a mediados de año o antes, empezaré a componer. Estoy convencida de que toda esta experiencia en Argentina me va a inspirar mucho.
-¿Qué lugar elegís para alejarte del mundo y escribir? ¿Dónde queda esa "cueva" de la que hablás?
-Lo hago en España, a veces. Yo soy de Irún, que queda en el País Vasco. Allí me inspiro mucho. Pero también he compuesto en Madrid y en Londres. Lo hago en lugares que me hagan sentir bien.
