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El escultor más prolífico de Mendoza retorna con una antología de sus obras a San Rafael. Entrevista con el lúcido maestro del volumen. Por Gisela Saccavino.

Rosas para todos

Por Gisela Emma Saccavino

“Vuelvo al sur, como se vuelve siempre al amor”. Aquel famoso tango de Piazzolla parece reflejar la sensación que transmite el escultor Roberto Rosas al hablar de la muestra que inaugura este viernes a las 20, en el espacio de arte PHI, de San Rafael.

Componen esta muestra 20 obras de diversos formatos, desde 20 centímetros hasta 2 metros de altura, pertenecientes a todas las etapas artísticas del maestro.

“Es un lugar muy querido por mí porque fue testigo de una de mis primeras exposiciones escultóricas, a los 31 o 32 años, y porque allí tenía grandes amigos, como Raúl Capitani, quien vive en Barcelona hace muchos años. Luego lo abandoné porque me embarqué en otras actividades a nivel nacional e internacional y San Rafael quedó en el tintero hasta ahora. De ahí mi alegría”.

–A esa edad hizo usted sus primeras armas en escultura…–Así es. Años anteriores intenté moverme con la pintura, pero cuando me enganché con la imagen escultórica corpórea me quedé para siempre con ella.

–¿Y hay algún concepto que hilvane las obras de esta muestra?–El concepto escultórico es mío. Yo me parezco a mis esculturas. El realismo mágico y el surrealismo atraviesan toda mi obra. Entonces una escultura mía de hace 40 años se parece a una de hoy, tienen mi identidad. Es más, si alguien ve una de mis obras, se le hace difícil calcular su antigüedad. Puede haber cambiado el color o algún tema, pero las esculturas son las mismas.

–¿Será tal vez por la universalidad que revisten sus criaturas?–Siempre toco el tema del ser humano a nivel universal, de todos los tiempos, incluso de las épocas en que no existía el lenguaje. Si no hubiera sido escultor, sería antropólogo. Seguramente.

–¿Hay algún tema que persista a la hora de crear?–Todo lo que le pasa al ser humano me puede llegar a conmover a la hora de hacer una escultura, desde la felicidad hasta la tragedia. Y dentro de ella, el tema más recurrente es el hambre y la muerte de los niños. Es lo más doloroso que pueda concebir. Son los únicos seres inocentes en el planeta. Y son maltratados, abandonados, golpeados. Cuando me pongo a hacer una escultura bajo esta temática entro en un estado de angustia horrible. Pero luego salgo, me da esperanza el haber nacido en Latinoamérica, una tierra en la que aún hay cierto equilibrio. Esto da optimismo, pero no puedo desconocer la tragedia, por eso en mis creaciones siempre hay un signo de protesta social.

–¿Y es tal vez esa implicancia emocional lo que dota al metal de tan intensa expresividad?–El metal es un pretexto, yo trabajo el metal como otros la arcilla o la madera. El metal no es un material dramático ni sensible ni dulzón, es el escultor el que le da vida. Yo hago con el material lo que me propongo, porque hoy, después de 40 años, tengo oficio suficiente para expresar lo que quiero.

–¿Está su arte intrínsecamente unido al compromiso social?–Claro, soy un tipo muy vinculado a las cuestiones sociales: de la educación a los problemas climáticos. Creo haber comprendido lo que significa el hombre interviniendo la naturaleza, para bien y para mal.

Cada artista tiene en su interior más o menos sensibilidad social. Pero eso sí: sin talento no hay arte posible.

 Roberto Rosas, esculturasInauguración: viernes, a las 20, en la Bolsa de Comercio de Mendoza sede San Rafael (Pellegrini 120, San Rafael).

Visitas: hasta el 30 de junio, de lunes a viernes, de 8.30 a 12.30 y de 16 a 20.

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