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Escrita y dirigida por Pablo Arabena, llega hoy al Independencia El Morocha, la obra que obtuvo una mención especial en el certamen Vendimia.

Poesía en una voz marginada

Por Ramiro Ortiz

uno_escenario@diariouno.net.ar

“Si vamos a hacer las cosas, las vamos a hacer con tutti”, lanza el escritor Pablo Arabena. Y sí, ese es su modo, por eso para su debut como director tuvo el “atrevimiento” de crear el “ilusionismo reflexivo”, un género con manifiesto incluido que envuelve su texto El Morocha, con el cual obtuvo una mención especial en la categoría dramaturgia del Certamen Literario Vendimia 2011. La obra se estrenó en el Le Parc bajo el marco de la Feria del Libro y esta noche, a las 21, llega al teatro Independencia.

Las andanzas de Matías Cerón, también conocido como El Morocha, asesino y delincuente mendocino de resonante celebridad a comienzos de la década pasada, fueron inspirando a Arabena, quien después de muchos años, idas y vueltas, se decidió a concluir el texto para participar en el certamen. Y le fue bien. Para cerrar el círculo, Pablo asumió también la dirección de su creación e inventó el lenguaje del ilusionismo reflexivo para la puesta en escena.

Pedro Contreras, Pablo Sánchez Sandobal, María Laura Cocó Monetti, T de Jengibre, Belén Moretti y Camila Primavera actúan bajo las formas que el autor y director estableció y que aquí desmenuza.

“Los procesos creativos de la escritura son muy particulares –introduce Arabena–. Con esta obra tenía un par de escenas y mucho material hace un par de años y cuando la retomé la terminé rápidamente. No quería una historia lineal en la escritura, sino que se iba armando a medida que iba juntando datos y reelaborando las escenas. Nunca lo planteé como algo realista sino como algo que iría a otro lado y ese proceso se terminó de cerrar con la práctica, con esto que he inventado, el ‘ilusionismo reflexivo’, que es una manera de darle un marco teórico a una práctica y no al revés”.

–¿Cómo fue el cierre del proceso?

–Tiene que ver con la lectura que he hecho del teatro nacional. Tenía una aversión a los textos con ese lenguaje realista que a veces reproducía el lenguaje de la época pero era muy pobre en vuelo. El hiperrealismo es una corriente que atraviesa profundamente nuestro teatro pero considero que ha durado mucho tiempo. Por eso escribí un manifiesto al respecto. El teatro como espejo de la realidad es una idea obsoleta desde mi punto de vista. Entonces tomé un hecho real, como el caso del Morocha, y lo puse a funcionar sobre otros códigos que no sean los realistas para resignificar la realidad.

–¿Cuáles son esos códigos?

–Primero ponerle una voz poética a un asesino, un delincuente. Que este personaje pueda decir un texto poético, darle voz a alguien marginado. Y poner en juego un discurso, que muchas veces es alegórico, poético, mezclado con un montón de figuras que hacen que este discurso no sea realista y tenga otros significados. Eso se potencia con la carga real que lleva el personaje.

–¿Qué sentiste luego de las primeras funciones?

–Sentí mucho respeto por el público, muy atento viendo la obra, que no es muy larga, dura menos de 50 minutos, porque sería demasiado para un espectador escuchar ese lenguaje que lo puede llegar a cansar y a molestar. Tuve en cuenta eso. Y se produce una explosión de significado, lo pude comprobar en la práctica al hablar con los espectadores. Salen pensando, reflexionando. El texto es denso, no es fácil, es poético, volado. Tiene muchas cosas.

–¿Cómo fue ponerle ilusionismo a un caso policial?

–Tomo al personaje como alguien que es producto de un momento histórico que tiene que ver con el neoliberalismo en la Argentina. Él nació en el '84 en el barrio San Martín y todo su viaje se relaciona con lo que pasó en los '90. Eso es una cuestión sociológica muy importante, y la obra tiene muchas aristas y lugares para abordarla, con toda la marginalidad del neoliberalismo y la ilusión de bienestar que generó una miseria enorme. Como sociedad nosotros responsables de eso también, más allá de que el caso del Morocha es extraordinario. Creo que se puede llegar a esa reflexión, no sé si he logrado todo lo que me planteé con el ilusionismo reflexivo, pero estoy bastante cerca de lo que me propuse.

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