Se levantó por última vez en la noche el paño rojo del telón del Teatro Colón y empezó a llover. Empezaron a llover aplausos y gritos de "¡bravo!" de cada uno de los presentes, todos de pie en un salón histórico. Empezaron a llover ramos de rosas, blancas y rojas, que caían desde ambos costados de las plateas, con gente que lanzaba besos al aire, sin siquiera saber si la protagonista los miraba. Empezaron a llover lágrimas, cuando los padres Marisa y Alberto se asomaron por un costado del escenario y se fundieron junto a ella en un abrazo. Y empezaron a llover papelitos blancos y amarillos que caían de ese cielo de un mismo Colón, que daba su último adiós a la hija prodiga.Paloma Herrera se despidió de la danza por una puerta inmensa y lo hizo en el mismo lugar al que se había acercado 33 años antes para empezar a tomar clases, después de haberse instruido durante un año con su mentora, Olga Ferri.
Paloma Herrera dijo adiós a la danza

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