Fernando G. Toledo oledo.fernando@diariouno.net.ar
El legendario actor y escritor presentó un homenaje a Violeta Parra en esta Mendoza en la que vivió una historia de amor
Noy y sus ojos: la pasión de un chamán de la poesía

No vive la poesía como un poeta: la vive como un chamán, como un invocador de secretos, oscuros, fantásticos poderes que trae a la luz de las palabras. Fernando Noy vive poéticamente, como si un teatro se desplegara bajo sus pies a cada paso y él fuera, por supuesto, la diva a la que apuntan todos los reflectores.
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Figura mítica de la poesía y el teatro del underground porteño, discípulo y reivindicador de Batato Barea, Noy (a quien Fito Páez inmortalizó en un verso de su tema Tatuaje falso) estuvo en Mendoza ayer para presentar el espectáculo Violeta secreta, junto con la compositora y cantante Cecilia Zabala.
Pero el poeta y narrador (debutó este año con el libro de cuentos Sofoco, que ya va por su segunda edición) tiene mucho que decir sobre su modus vivendi y su visita a Mendoza, así que nos disponemos a escucharlo como quien escucha a un santo maldito: no importa si creemos lo que nos cuenta, sino cómo lo cuenta.
“Cecilia Zabala me invitó a participar de su tributo a Violeta Parra y yo siento en su espectáculo no que leo sus textos. Para mí es como una travesía a través de un trance, provocada por la invocación de Violeta. Yo siento la presencia de ella que nos circunda y acompaña”, dice, para confirmar su talante.
–La intención original de Cecilia Zabala era que aportaras tus propios poemas a las canciones de Violeta. ¿Por qué te decidiste por recitar sus textos?
–Es que a los poemas de Violeta los sientos míos. Los poetas no escriben en los poemas propios, sino en los cuerpos de los demás. A mí me gusta más leer a los otros poetas que a mí mismo, es un placer inmenso transmitir lo de los demás, porque este mundo desangelado está necesitado de que la gran poesía tenga de nuevo su poder.
–Pero tu propia escritura no se detiene, ¿verdad?
–No. Estoy terminando un nuevo libro de poemas y un libro de cuentos. En octubre sale Cuentos quemados por el portero, de editorial Mansalva. Y después de eso saco mi libro de poemas en enero o marzo, el octavo.
–Tu figura tiene un aura de leyenda. ¿Lo sentís también así?
–Lo que pasa es que viví los tiempos del hippismo, del Di Tella y el tropicalismo, fui parte de él, y coronó mi vida. Pero seguí viviendo y haciendo, actuando y publicando muchas cosas más. Soy lo que era y soy lo que seré.
–¿Qué representa para vos volver a Mendoza?
–Mi relación con esta provincia viene de lejos. Aquí vivió el amor más grande de mi vida. Fui un adolescente enamorado que toma un tren y vuelve con lágrimas en los ojos. Mendoza era cómplice además porque el vino era muy rico y el parque muy hermoso, y ese hombre ya no vive. Por eso Mendoza está en mi memoria y recuerdo de ella cada espacio, cada lugar.