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Mendocino en el Bafici

Ramiro Ortizuno_escenario@diariouno.net.ar

“Hay mucha expectativa con la película, no sé por qué. Se ha generado una cosa que no me esperaba. No sé por dónde, está bueno pero es una especie de presión”. Con modestia, seguridad y algo de nervios se expresa el tunuyanino Alejandro Fadel, realizador que estrenó su primera película, Los salvajes, en la competencia internacional del Bafici.

Esta cinta, a pesar de que no deja de ser una ópera prima, es el reto artístico al que Fadel le faltaba enfrentarse luego de años de experiencia en el cine argentino junto con sus colegas y amigos Santiago Mitre, Martín Mauregui y Agustina Llambi Campbell. Cortos premiados, guiones para Walter Salles o Pablo Trapero, producciones de gran repercusión como Carancho, El estudiante o El amor (primera parte) tienen en sus créditos el apellido de este mendocino y son, probablemente, los antecedentes que generan esa expectativa a la que Fadel se refiere sorprendido.

En esta entrevista, Alejandro desmenuzó su primera experiencia como responsable total del guión y la dirección de una película, sus expectativas y otras facetas de ese prisma bello e infinito que es el séptimo arte.

–¿Te gustó ver tu película?–La vi por primera vez entera el miércoles, con ansiedad y nervios por ver qué había quedado de eso que uno ha ido trabajando por partes. Sumar la imagen, el color, el sonido, el diseño gráfico... había que ver y enfrentarse a eso. Y la verdad es que fue una experiencia alucinante. Después de mucho tiempo pude tomar un poco de distancia y tratar de ver la película como si no la hubiera hecho yo, algo muy difícil de hacer. Pero la vi y la disfruté muchísimo, así que creo que la película ha llegado a buen puerto.

–¿Los salvajes logra su objetivo?–A esta altura uno pierde la idea de lo que es el disfrute, si se quiere, porque es un trabajo que lleva mucho tiempo y en algún punto mucha obsesión. En el cine, para lograr un resultado uniforme se trabaja despedazando todo en mil partes, después volver a unir todo eso y que sea una sola cosa. Entonces una de las cosas más importantes de las películas es que sean una, que sean coherentes como propuesta. Sentir que uno ha logrado eso, más allá de lo que resolvió mejor o no tanto, es un disfrute. La película funciona como una propuesta armónica, coherente y, a la vez, potente emocionalmente. Estoy contento con el resultado.

–¿Cómo fue la experiencia de asumir toda la responsabilidad?–Era el momento de hacerlo. Uno, como artista, se termina de exponer cuando queda en control de la obra y decide poner su nombre ahí atrás, más allá de que el cine es un arte colectivo. No se puede hacer si no se está acompañado de un montón de gente, más talentosa que uno inclusive. El equipo de esta película era alucinante, toda gente muy, muy buena, pero en un punto quien sigue todo el proceso, decide escribir el guión, producirla y dirigirla es uno mismo. Hay una sensación de soledad que uno inevitablemente tiene que enfrentar en algún momento, para despejarse las dudas sobre todo. El miedo, la ansiedad y la estilización del laburo son cosas que hay que atravesar. Tenía la sensación de que si no hacía esta película no podía seguir haciendo otra cosa. Y el cine requiere mantener la concentración durante mucho tiempo. Y el espíritu y el ánimo, porque requiere mucho trabajo, algo inimaginable para quien no haga películas.

–¿Cómo se distribuirá la película?–Es complicado en este momento salir a competir como un estreno comercial. La hicimos de manera radicalmente independiente, toda producida por nosotros. Buscamos el apoyo del Fondo Metropolitano de Buenos Aires, por concurso, y una fundación holandesa, que nos dio plata para terminar la película. Sin ese apoyo hubiese sido muy difícil terminarla. Así que nunca imaginamos un estreno a gran escala. Venimos trabajando en otro tipo de estrenos, más parecidos a los del circuito teatral, privilegiando la cantidad de tiempo en un sola sala o dos, siguiendo con cuidado cada proyección, tratando de que la película se mantenga más tiempo y la gente tenga la posibilidad de ir yendo a medida que se vaya enterando. Que la película circule más y no que esté expuesta en los cines del mercado y que en dos semanas la levanten.

–¿Eso permite seguir de cerca también lo que el trabajo genera?–Quiero tratar de seguir la misma lógica y proceso con el que la produjimos, de una manera cercana, entre amigos, casi artesanal diría. Una exhibición acorde a lo que la película propone, no pedirle una cantidad de espectadores que el mercado no está dispuesto a proveer. Pero previo a eso creo que vamos a tener un circuito por los festivales internacionales, vamos a ver dónde, seguramente la película va a estar en varios, esperemos que así sea. Por ahora el estreno es en Bafici y hay que esperar qué sucede después.

–¿Y en Mendoza?–Claro. Parte de la película se filmó en Mendoza y siempre me gusta mostrar lo que yo hago ahí. Supongo que irá primero con el Bafici Itinerante y después buscaremos la manera de hacer un estreno pequeño pero que no se queden sin verla, me interesa mucho. Mucha de la gente que me ayudó es mendocina, familia, amigos y varios actores, entonces también es como completar un ciclo al mostrarla ahí.

–¿Seguís trabajando con Trapero?–Sí, ahora estrenamos en mayo la película Elefante blanco, con Ricardo Darín y Martina Gusmán. Y también estamos terminando un trabajo para Walter Salles. Ese es como nuestro trabajo pago, a partir de eso, con ese dinero podemos financiar algo de las películas que hacemos. Con la pequeña compañía productora que se llama La Unión de los Ríos, que somos nosotros tres y Agustina Llambi Campbell, una figura fundamental.

–¿Sostenés la premisa de no bajar línea ni discurso con tu cine?–Para mí el arte no debe ser discursivo. Tiene que narrar permitiendo que el espectador aporte lo suyo y que eso conviva dentro de la película. En algún punto el arte que siempre ha buscado eso es la poesía, hay algo en la ambigüedad de un poema, que se le puede entrar por distintos lados, que es a lo que debería aspirar todo arte, sobre todo en tiempos en que se manipula para bajar un discurso, por ejemplo, ligado fuertemente a la política. Y el arte no puede ser instrumento de nada. Tiene que ser autónomo y sólo buscar la belleza.

Salvaje-El Bafici 2012 comenzó el miércoles y la película de Alejandro Fadel, Los salvajes, se proyectó anoche.

-La ópera prima del mendocino participa en la instancia de la competencia internacional, donde hay otras dos cintas argentinas: La araña vampiro, de Gabriel Medina, y Germania, de Maximiliano Schonfeld.

Bafici: un vínculo consolidadoLa relación de Alejandro Fadel con el festival de cine independiente de Buenos Aires es muy particular, casi íntima. Por eso el artista se tomó el trabajo de relatarla en detalle.

“Para mi generación, el Bafici es como el lugar de estreno de las películas, el lugar que esperamos todos los años para mostrar lo que hemos venido haciendo. Me fui a vivir a Buenos Aires en 1999, que fue la primera edición del Bafici. Ahí veía seis o siete películas por día, que en los 10 días que duraba el festival eran como 60 películas. Era una enfermedad. Con el tiempo fui dejando de participar como espectador y empecé a participar en películas que se exhibían. Hice un corto y tuve la suerte de que ganara, lo que fue la consolidación de la amistad”, contó.

“En 2003 hicimos El amor (primera parte) con un grupo de amigos, con los que laburo hasta hoy. Y ahora llegó el momento de presentar mi película, que entró en la competencia internacional, el lugar de mayor presencia, de mayor exposición, así que es como el cierre de un ciclo, o el comienzo, no sé, pero yo quería que el Bafici fuera el lugar donde la película se viera. Para las películas independientes de Argentina que, como en el caso de Los salvajes, no tiene ningún apoyo estatal, el Bafici es como su estreno comercial, es la posibilidad de que se exhiba en las mejores condiciones técnicas, con mucho público, con un ambiente afín. Es como poner la película en la verdadera dimensión que tiene; también está el riesgo de que se discuta mucho, pero eso está bueno, para eso uno las hace”, concluyó Fadel.

“Quería un relato con crudeza”Un grupo de adolescentes que huye de un instituto es el disparador sobre el que el director mendocino Alejandro Fadel ha erigido Los salvajes, la película con la que debutó ayer en el Bafici. Una historia que cruza elementos religiosos, de aventuras y mucho más en una travesía que invita al espectador como acompañante. Todas las dudas y curiosidades sobre el trabajo las despeja aquí el hombre que estuvo detrás de la cámara.

“La película narra un viaje –dice Fadel–. Un grupo de cuatro chicos y una chica se escapan violentamente de un instituto de menores del interior. No se especifica dónde está. Y tienen que cruzar 100 kilómetros a pie, atravesando la tierra hasta llegar a un puesto donde supuestamente van a continuar su vida juntos. En el medio, obviamente, algo sucede. Ese viaje siempre lo pensé como una peregrinación religiosa. Entonces lo que parece en principio una aventura se va transformando en otra cosa y se va cargando de otro sentido, entra en un campo espiritual”.

–¿Qué te atrae de lo religioso?–Cuando hablo de lo religioso tiene que ver con una mirada hacia los personajes que trascienda la moral. La película se llama Los salvajes y uno puede pensar al ver las imágenes que los personajes están cometiendo actos inmorales, lo que yo quería era tener una mirada que no juzgara a los personajes, sino que los admirara. Para mí más que “salvajes”, los personajes siempre fueron santos, entonces traté de imprimir esa mirada sobre ellos y sobre la narración.

–¿Por qué no buscaste actores profesionales?–Sentía que estaba trabajando con un relato clásico, a partir de ciertos mitos cristianos, y me parecía que esa cosa grandilocuente que tenía la idea narrativa de la película había que contraponerla con un costado casi documental. Y esa sensación de verdad me la iban a proveer actores que no tuvieran tanta experiencia previa. Haber conocido a esos pibes para mí hizo crecer la película hasta lugares insospechados, de hecho la película es lo que es porque tiene a esos actores, y eso es maravilloso. Es impresionante el trabajo que han hecho, son pibes de barrio que en su mayoría no habían actuado nunca.

–¿Y cómo los elegiste?–Fue un proceso largo, sobre todo de búsqueda y selección. De conocerlos, tener charlas con ellos y ver cuánto había de su propia experiencia que pudiera aportar, sin que la película se regodeara en ello, pero sí que había algo de verdad que podían transmitir y que incluso yo no podía prever. La película se fue haciendo cada vez más grande, escribí un guión pequeño y filmé una película que creció muchísimo y monté una película más grande todavía. Hacerla era un viaje hacia algo misterioso, quería filmarla sin demasiadas ideas previas y creo que eso se dio en el rodaje día a día. Era una experiencia muy gratificante, sentir que estábamos embarcados en una locura, pero que esa locura se podía controlar y podían nacer cosas bellas.

–Algunos comentarios dicen que el filme tiene mucho lirismo...

–Quería contraponer un relato de cierta crudeza, cierta cosa primitiva, que no tuviera muchas vueltas de guión, ni mucha inteligencia puesta en el relato, algo bien crudo. Y para registrar eso me parecía que la cámara debía proponer algo distinto. Entonces tiene una búsqueda estética en su realización y su montaje que creo la despega de esa crudeza, ahí hay un choque de fuerzas que le da cierta poesía a la película. La película cuenta un viaje y creo que la mejor manera de verla es permitiéndose viajar, no estar pensando todo el tiempo por dónde va la historia, sino acompañar al grupo de personajes y estar con ellos ahí.

Ficha-Película: Los salvajes (130 min.)

-Dirección y guión: Alejandro Fadel.

-Con: Leonel Arancibia, Roberto Cowal, Sofía Brito, Martín Cotari y César Roldán

-Producción: A. Fadel, Agustina Llambi Campbell (La Unión de los Ríos) y Hubert Bals Fund.

 

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